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Leccion 8 – Edicion Adultos – Confiar en la bondad de Dios (Habacuc)

Segundo trimestre (abril-junio) de 2013

 Confiar en la bondad de Dios (Habacuc)

 

Lección 8: Para el 25 de mayo de 2013

 


Sábado 18 de mayo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Habacuc 1:1-17; 2:2-4; Gálatas 3:11; Hebreos 11:1-13; Habacuc 3; Filipenses 4:11.

Para Memorizar: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Hab. 2:14).

Pensamiento clave: No siempre podemos entender por qué sucede la tragedia, pero podemos confiar en Dios, no importa qué suceda.

DESPUÉS DE PREDICAR acerca de la presencia permanente de Dios en medio de las adversidades de la vida, el pastor atendió a una mujer que se le acercó y con lágrimas le preguntó: “Pastor, ¿dónde estaba Dios el día cuando murió mi único hijo?” Leyendo un profundo dolor en el rostro de ella, el pastor mantuvo silencio y luego replicó: “Dios estaba en el mismo lugar donde estuvo cuando su único Hijo murió para salvarnos de la muerte eterna”.

Como nosotros, Habacuc presenció injusticias, violencia y mal. Aun peor, Dios pareció guardar silencio en medio de todo, aunque le pidió a Habacuc que confiara en sus promesas.

El profeta no vivió para ver el cumplimiento de esas promesas; no obstante, aprendió a confiar en ellas, de todos modos. Su libro comienza con una queja a Dios pero termina con uno de los himnos más hermosos de la Biblia. Como Habacuc, debemos esperar con fe hasta el momento cuando el mundo sea “lleno del conocimiento de la gloria de Dios, como las aguas cubren el mar”.

 

Domingo 19 de mayo:

Profeta perplejo

Lee Habacuc 1. ¿Cuáles son las preguntas que el profeta le dirige a Dios? Aunque su situación es, por supuesto, diferente de la nuestra, ¿cuán a menudo nos encontramos haciendo estos mismos tipos de preguntas?

Habacuc es singular entre los profetas porque no habló por Dios a la gente, sino más bien habló a Dios acerca de la gente. El profeta comienza su lucha por comprender los propósitos de Dios con un clamor de perplejidad: “¿Hasta cuándo, oh Jehová?” En la Biblia, esta pregunta es típica de un lamento (Sal. 13:1; Jer. 12:4). Implica una situación de crisis de la cual el orador busca liberación.

La crisis acerca de la cual Habacuc pide ayuda es la violencia que satura a la sociedad. La palabra hebrea para “violencia” es hamas, y se usa seis veces en el libro de Habacuc. El término implica actos de daños, tanto físicos como morales, infligidos a otros (Gén. 6:11).

Siendo profeta, Habacuc sabe bien cuánto ama Dios la justicia y odia la opresión; de manera que quiere saber por qué Dios permite que la injusticia continúe. Él observa violencia y quebrantamiento de la ley por todos lados, y parece que los malvados triunfan sobre los justos. Los poderosos pervierten la justicia, como sucedió en el tiempo de Amós (Amós 2:6-8), y como ocurre tan a menudo hoy.

La respuesta de Dios revela sus planes futuros. El Señor usará el ejército de Babilonia para castigar al pueblo. Este anuncio sorprende al profeta. Él no esperaba que Dios usara un ejército tan cruel para disciplinar a Judá. En el versículo 8 la caballería babilónica se compara con un leopardo, un lobo y un águila, tres depredadores cuya velocidad y poder producen muerte violenta a sus presas.

La cruel arrogancia de Babilonia no reconoce responsabilidad, no busca arrepentimiento, no ofrece reparación. Viola el orden más fundamental de la vida creada. Se le dice a Habacuc que Dios usará al ejército de Babilonia como “vara de mi [de Dios] ira” (Isa. 10:5, NVI). El castigo ocurrirá en tiempos de la vida de Habacuc (Hab. 1:5). Toda esta situación plantea preguntas aún más difíciles acerca de la justicia divina.

¿Cómo podemos aprender a confiar en la bondad y justicia de Dios cuando el mundo parece estar tan lleno de maldad e injusticia? ¿Cuál es nuestro único recurso?

 

Lunes 20 de mayo:

Vivir por fe

En Habacuc 1:12 al 17, la respuesta de Dios a la pregunta de Habacuc plantea una pregunta aún más inquietante: ¿puede un Dios justo usar a los malvados para castigar a los que son más justos que ellos? La pregunta de Habacuc en el versículo 17 tiene que ver con la justicia divina.

Habacuc estaba perplejo, no solo por la degeneración de su propio pueblo sino también por la certeza de que su país sería juzgado por otra nación, peor que él. El profeta percibía bien los pecados de Judá, pero, según cualquier norma, su pueblo, específicamente los justos entre ellos, no eran tan malvados como los babilonios paganos.

Lee Habacuc 2:2 al 4. ¿Qué esperanza se presenta aquí?

Habacuc 2:2 al 4 es uno de los pasajes más importantes en la Biblia. El versículo 4, específicamente, expresa la esencia del evangelio, el fundamento del versículo que inició la Reforma Protestante. Por medio de la fe en Jesucristo recibimos la justicia de Dios; se nos acredita con la justicia de Dios mismo. Su justicia llega a ser la nuestra. Esto es lo que se conoce como justificación por la fe.

El versículo 4 es una declaración resumida de la manera en que obra la salvación y de la enseñanza bíblica acerca de la justificación por la fe. ¿Cómo usaron este versículo los escritores del Nuevo Testamento? Rom. 1:17; Gál. 3:11; Heb. 10:38.

En medio de toda esta agitación y de las preguntas sobre el mal, la justicia y la salvación, Habacuc 2:4 presenta un agudo contraste entre el fiel y el orgulloso. La conducta de cada grupo determina su suerte: el arrogante fracasará, mientras que el justo vivirá por fe. La palabra hebrea para fe (‘emuna) se traduce mejor como “fidelidad”, “constancia”, “responsabilidad”. Aunque el que vive por fe no se salva por sus obras, sus obras muestran que vive por fe. Su fe se revela en sus obras y así se le promete a esa persona la vida eterna.

 

Martes 21 de mayo:

Porque la tierra será llena

La respuesta de Dios a la pregunta de Habacuc en Habacuc 1:17, como está registrada en el capítulo 2, continúa en la forma de un canto que se burla del orgulloso opresor. No menos de cinco ayes (Hab. 2:6, 9, 12, 15, 19) afirman el mensaje de que la suerte de Babilonia está sellada. El castigo del enemigo estará en armonía con el principio de “medida por medida”. Lo que el malvado hace a su víctima, al final, le será hecho a él. Cosecharán lo que sembraron, porque Dios no puede ser burlado por los orgullosos seres humanos (Gál. 6:7).

En contraste con el opresor, quien es al fin juzgado por Dios, el justo tiene la promesa de la vida eterna en Cristo, sin importar lo que le suceda aquí en esta vida. Al describir al remanente fiel en el tiempo del fin, el libro del Apocalipsis presenta la expresión “la paciencia de los santos” (Apoc. 14:12). En realidad, los justos son persistentes en su espera de la intervención divina, aun si la verán solo en la segunda venida de Cristo.

Lee Hebreos 11:1 al 13. ¿Cómo nos ayudan estos versículos mientras luchamos, en nuestro propio contexto, con las mismas preguntas con que luchó Habacuc?

La respuesta última de Dios a las preguntas de Habacuc fue la afirmación de su presencia permanente. Confianza en la presencia de Dios y confianza en su juicio a pesar de la apariencia en contrario; ese es el mensaje del libro de Habacuc, así como el mensaje de toda la revelación bíblica. La fe profética es confiar en el Señor y su carácter inmutable.

“La fe que fortaleció a Habacuc y a todos los santos y justos de aquellos tiempos de prueba intensa, era la misma fe que sostiene al pueblo de Dios hoy. En las horas más sombrías, en las circunstancias más amedrentadoras, el creyente puede afirmar su alma en la fuente de toda luz y poder. Día tras día, por la fe en Dios, puede renovar su esperanza y valor” (PR 285).

 

Miércoles 22 de mayo:

Recordar la fama de Dios

Lee Habacuc 3. ¿Qué hace aquí Habacuc, y por qué eso es tan importante, especialmente dadas las difíciles circunstancias y preguntas serias que afronta?

Habacuc expresa su aceptación de los caminos de Dios en una oración puesta con música (Hab. 3:19). Siendo plenamente consciente del poder de Dios, le pide al Señor que recuerde su misericordia cuando comience el juicio. El profeta reverentemente evoca informes de los grandes actos de Dios en el pasado y ora para que traiga la redención ahora. Parece ubicarse en medio de los tiempos. Con un ojo mira hacia atrás al acontecimiento del Éxodo, mientras que con el otro mira hacia adelante al día del Señor. Anhela una demostración del poder de Dios en su situación presente.

El himno del capítulo 3 describe poéticamente la liberación de Israel de la esclavitud egipcia efectuada por Dios. Lo que sucedió en el tiempo del Éxodo es un anticipo del gran día del juicio. Los piadosos no deben estar ansiosos acerca del día del Señor, sino que deben esperar, perseverar y regocijarse con la esperanza que tienen.

El himno también es una celebración del poder, la gloria y la naturaleza victoriosa de Dios. Se describe al Señor como soberano sobre toda la tierra. La revelación de su gloria es comparable con el esplendor de una salida del sol (Hab. 3:4).

Dios juzga a las naciones opresivas; no obstante, al mismo tiempo trae la redención a su pueblo en sus “carros de victoria” (Hab. 3:8). Superficialmente, el poder de Dios no siempre es visible, pero la persona de fe sabe que Dios está allí, no importa qué ocurra.

Habacuc nos invita a mirar con expectativa la salvación de Jehová, cuando él establecerá su justicia sobre la tierra y llenará el mundo con su gloria. Al cantar alabanzas al Señor, el pueblo de Dios se anima mutuamente (Efe. 5:19, 20; Col. 3:16) a meditar en las acciones pasadas de Dios y a esperar el futuro glorioso. El ejemplo mismo de Habacuc demuestra cómo uno puede perseverar viviendo con esa visión.

Medita en cómo Dios te guio en tu vida pasada. ¿De qué manera te ayuda esto a aprender a confiar en él y en su bondad, no importa qué traiga el futuro inmediato? ¿Por qué es tan importante contemplar el futuro eterno y final que nos espera?

 

Jueves 23 de mayo:

Dios es nuestra fortaleza

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento [...] con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Hab. 3:17-19). ¿Qué es lo bueno de esta actitud del profeta? ¿Cómo podemos cultivar tal actitud nosotros mismos? Ver también Fil. 4:11.

Las palabras finales de Habacuc (Hab. 3:16-19) expresan la respuesta del profeta a la revelación del poder y la bondad de Dios. Una nueva mirada a los actos salvíficos de Dios le da valor a Habacuc mientras espera el ataque del enemigo. El temor conmueve su ser más íntimo mientras espera que caiga el juicio divino sobre su nación. La invasión puede resultar en la devastación de las higueras y los olivos, junto con los granos, vides y ganado. Pero la firme fe del profeta permanece inconmovible porque él tuvo una visión del Dios viviente.

Basado en sus experiencias pasadas, Habacuc conocía la fidelidad absoluta de Dios. Por esto se resignaba a los propósitos presentes de Dios (Hab. 3:16-19). A pesar de todas las circunstancias desfavorables, el profeta está decidido a poner su confianza en Dios y en su bondad, no importa cuán desesperada parezca su situación.

Habacuc espera con confianza y fe, aun cuando no haya señales inmediatas de salvación. Es un profeta que por medio del diálogo, las reprensiones y un himno de alabanza, ha instruido a los fieles a través de los siglos a desarrollar una fe viviente más profunda en el Redentor. Por su propio ejemplo, anima a los piadosos a dialogar con Dios, a probar su lealtad hacia él en tiempos duros, a desarrollar la esperanza en Dios, y también a alabarlo.

Habacuc cierra su libro con una actitud de fe bellamente expresada: no importa cuán dura sea la vida, se puede encontrar gozo y fortaleza en Dios. El mensaje básico del libro señala la necesidad de esperar con paciencia la salvación de Dios cuando la opresión parece no tener final. El tema de “esperar en el Señor” domina el libro de Habacuc. ¿Cuán relevante debe ser ese tema especialmente para nosotros, como adventistas, ya que nuestro mismo nombre expresa nuestra fe en la venida de Jesús?

 

Viernes 24 de mayo

Para Estudiar y Meditar:

Lee el siguiente comentario y analiza cómo nos ayuda a comprender mejor los mensajes de Habacuc.

“Hay una respuesta a la pregunta de Habacuc. Es una respuesta, no en términos de pensamiento, sino en términos de eventos. La respuesta de Dios sucederá, pero no se puede expresar en palabras. La respuesta seguramente vendrá; ‘y si parece lenta, espérala’. Es cierto, el período de espera es difícil de soportar; el justo se horroriza por lo que ve. A esto se le da la gran respuesta: ‘El justo por su fe vivirá’. Es una respuesta, otra vez, no en términos de pensamiento, sino en términos de existencia. La fe profética es confiar en él, en cuya presencia la quietud es una forma de comprender” (Abraham J. Heschel, The Prophets, p. 143).

“Debemos apreciar y cultivar la fe acerca de la cual testificaron los profetas y los apóstoles, la fe que echa mano de las promesas de Dios y aguarda la liberación que ha de venir en el tiempo y de la manera que él señaló. La segura palabra profética tendrá su cumplimiento final en el glorioso advenimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, como Rey de reyes y Señor de señores. El tiempo de espera puede parecer largo; el alma puede estar oprimida por circunstancias desalentadoras; pueden caer al lado del camino muchos de aquellos en quienes se puso confianza; pero con el profeta que procuró alentar a Judá en un tiempo de apostasía sin parangón, declaremos con confianza: ‘Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra’ (Hab. 2:20)” (PR 286).

Preguntas para Dialogar:

  1. Resume el diálogo de Habacuc con Dios. ¿Cuál era su queja básica? ¿Cómo respondió él a las respuestas de Dios?
  2. ¿Podría ser que, a los ojos de Dios, preguntas honestas e incluso dudas son actitudes religiosas más aceptables que una creencia meramente superficial? Justifica tu respuesta.
  3. Todos los adventistas de generaciones pasadas creían que Cristo ya habría regresado a esta altura de la historia, y que ellos habrían visto el cumplimiento final de todas estas promesas maravillosas. ¿Cómo aprendemos a mantener la fe mientras nosotros, otra generación, espera su retorno?

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