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Cuarto trimestre (octubre-diciembre) de 2014

Un Legislador y Juez

Lección 9:  Para el 29 de noviembre de 2014

 

Sábado 22 de noviembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Santiago 4:11-17; Hechos 17:11; Hebreos 4:15, 16; Lucas 12:13-21; Eclesiastés 2:15-19; Tito 2:14.

Para Memorizar: “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro? (Sant. 4:12).

Nuestra actitud hacia la ley, sea la de Dios o las leyes humanas, afecta cómo nos relacionamos con otros y aún con Dios mismo. ¿Has notado que a veces los ricos y famosos actúan como si estuvieran por encima de la ley? Aun algunos que hacen las leyes, buscan maneras de escribir esas leyes para su provecho personal. La falta de respeto a las leyes puede incluir la falta de respeto a las personas, porque las leyes gobiernan nuestras relaciones mutuas.

Otras personas, cuya actitud hacia la ley es rígida e inflexible, pueden también tener dificultades en sus relaciones interpersonales. Más aún, nuestro concepto de la ley depende del grado de respeto que tenemos por la sabiduría de los legisladores y de la equidad de sus leyes.

La lección de esta semana comienza con una mirada a la ley, pero luego nos lleva a ciertas palabras importantes acerca de una forma de arrogancia y de auto dependencia que tal vez no percibamos, pero se nos advierte que eso es pecado, una violación de la ley de Dios. En realidad, en Santiago se nos anima a mirar de otra manera el pecado.

 

Domingo 23 de noviembre:

¿Críticas o discernimiento?

“Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez” (Sant. 4:11). ¿De qué modo juzgar a otros equivale a juzgar la ley?

La frase inicial del versículo 11 se puede traducir literalmente como “hablar en contra de” y podría incluir varios pecados del habla, incluyendo la calumnia, el falso testimonio, y palabras airadas (ver Lev. 19:15-18). Santiago parece usar aquí un lenguaje más suave que en el capítulo 3; pero, las implicaciones de hablar contra el hermano parecen más serias pues pone en duda la ley misma. Al ponernos como jueces, ignoramos nuestras propias debilidades (ver Mat. 7:1-3) y nos centramos en los errores de otro, como si estuviéramos fuera de la ley o por encima de ella. Con esto también dejamos de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Lev. 19:18). De este modo, no estamos guardando la ley.

Sin embargo, aunque no deberíamos juzgar a otros, necesitamos aprender a tener discernimiento espiritual.

Identifica las áreas en las que se necesita el discernimiento espiritual, en los siguientes pasajes: Hech. 17:11; 1 Cor. 6:1-5; 2 Cor. 13:5; Fil. 1:9; 1 Juan 4:1; Gál. 6:1.

Debemos comparar lo que la gente enseña y predica, con la Palabra de Dios. También debemos, si es posible, animar a los feligreses a resolver sus diferencias entre ellos en lugar de ir a los tribunales, donde los jueces pueden estar guiados por la Palabra de Dios, o no. Pero más importante, debemos examinarnos a nosotros mismos en cuanto a nuestra relación de fe, y si lo que contemplamos es elevador y excelente, o perjudicial para nuestra experiencia espiritual.

Es muy fácil criticar y juzgar a otros, especialmente cuando hacen cosas que no nos gustan. ¿Cómo podemos saber si hemos cruzado la línea entre el discernimiento espiritual y poner en tela de juicio la ley de Dios?

 

Lunes 24 de noviembre:

El legislador es juez

Todas las leyes del Antiguo Testamento provienen de Jesús. A veces se las llama las leyes de Moisés porque él las trasmitió (2 Crón. 33:8; Neh. 10:29), pero Jesús fue quien guió a los israelitas por el desierto y pronunció los Diez Mandamientos en el monte Sinaí (ver 1 Cor. 10:1-4). En el Sermón del Monte, Jesús clarificó y amplió la ley. El “Verbo fue hecho carne” (Juan 1:14), y por su Palabra seremos juzgados (Juan 12:48).

Lee Santiago 4:12. ¿Qué nos dicen los siguientes versículos acerca de Jesús como nuestro juez? Isa. 33:22; 11:1-5; Heb. 4:15, 16; Apoc. 19:11-16.

Solo alguien que conoce muy bien la ley tiene la capacidad de juzgar si ésta ha sido trasgredida o no. Los legisladores estudian durante muchos años antes de rendir los exámenes finales de su carrera, que prueban si están listos para comenzar a practicar abogacía. Los escribas en el tiempo de Jesús (muchos de ellos eran fariseos) estudiaban diligentemente, y no solo las leyes de Moisés sino también las tradiciones legales acumuladas. El hecho de que Jesús no estaba de acuerdo con muchas de esas tradiciones resultó en conflictos serios con los dirigentes. Pero como él dio esas leyes, estaba bien capacitado para explicar lo que significaban y evaluar si se las había trasgredido o no. Así, cuando venga otra vez, dará su recompensa a todos de acuerdo con sus obras (Apoc. 22:12). Además, al tomar la naturaleza humana, vivir una vida sin pecado, morir en nuestro lugar, y levantarse victorioso sobre la muerte, Jesús puede salvarnos del pecado.

“Dios encomendó todo el juicio al Hijo porque sin duda él es Dios manifestado en carne.

“Dios decidió que el Príncipe de los sufrientes entre los humanos fuera el Juez de todo el mundo. El que vino desde las cortes celestiales a salvar al hombre de la muerte eterna; … el que se sometió a comparecer ante un tribunal terrenal y sufrió la ignominiosa muerte de cruz, solo él ha de pronunciar la sentencia que determine la recompensa o el castigo” (MSV 339). Tanto como Dador de la ley como Salvador, Cristo está bien capacitado para ser nuestro Juez.

Recibiremos castigo o recompensa, uno u otra. ¿Cuál es nuestra única esperanza para la recompensa?

 

Martes 25 de noviembre:

Planes anticipados

Lee Santiago 4:13. (Comparar con Lucas 12:13-21.) ¿Cómo hacemos una planificación equilibrada y prudente para el futuro, y vivir cada día con la esperanza del inminente regreso de Cristo? ¿Cómo podemos evitar la trampa de construir meramente “galpones” más grandes?

Es razonable planificar con un año de anticipación, o más. Los negocios generalmente tienen planes de corto alcance, de medio y de largo plazo. Las personas y las familias necesitan ahorrar para el futuro y hacer provisión para gastos inesperados. Por otro lado, también creemos que Jesús viene pronto y que, algún día, todas nuestras posesiones terrenales serán consumidas por las llamas (ver 2 Ped. 3:10-12).

Estos dos enfoques de la vida no están necesariamente en conflicto. Alguien dijo: “Haz planes como si Cristo no volviera por años, pero vive cada día como si Cristo viniera mañana”. Esto es bueno, aunque los planes de largo alcance hacen difícil tomar un día a la vez. Muchos de los oyentes de Jesús (y muchos cristianos hoy) considerarían que el hombre rico que decidió construir galpones más grandes era próspero porque Dios lo bendecía. Pero Jesús nos revela los pensamientos interiores del hombre: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate” (Luc. 12:19). Es decir, su preocupación general era hacer tesoros para sí mismo.

Pero es más importante que en vez de hacer planes muy definidos, “deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Sant. 4:15). Esto significa más que añadir al final de nuestros planes, “s.D.q.” (si Dios quiere). Significa que debemos someter todos nuestros planes a Dios. Debemos orar: “Dios, quiero conocer tu voluntad. Si no te agradan estos planes, por favor muéstramelo”. Entonces, si nuestros planes no son buenos, Dios nos mostrará eso, siempre que estemos atentos y dispuestos a corregirlos, o aun a cambiarlos enteramente.

Lee otra vez Santiago 4:13. Aunque superficialmente no parece haber nada de malo en lo que se dice, obviamente hay un problema: no en lo que la gente quiere hacer, sino en su actitud hacia ello. ¿Cómo podemos ser cuidadosos para no caer en esa misma actitud, aún inconscientemente?

 

Miércoles 26 de noviembre:

Una neblina

Lee Santiago 4:14. ¿Qué punto vital se presenta aquí?

La vida es incierta. Cada respiración es un don. Santiago 4:14 usa una palabra griega muy rara (atmís), que se traduce como “neblina”, “vapor”. Como la palabra hebrea hébel (“aliento o vapor”), que aparece 37 veces en Eclesiastés, y a menudo es traducida como “vanidad”, enfatiza la naturaleza transitoria de la vida. ¿Quién no ha experimentado, especialmente cuando nos ponemos mayores, cuán rápida y fugaz es la vida? Ya bien entrado en años, el muy conocido evangelista Billy Graham dijo: “Yo nunca supe que la vida pasaba tan rápidamente”.

En otras palabras, siempre está la inminencia de la muerte. Todos estamos a solo un latido de ella. Cualquiera de nosotros, en cualquier momento, por cualquier razón, podemos morir en un instante. Cuán ciertamente decía Santiago: “no sabéis lo que será mañana” (4:14), incluyendo la muerte.

“No insistiré sobre la brevedad e incertidumbre de la vida; pero hay un terrible peligro que no se entiende suficientemente, en demorarse a ceder a la invitación del Espíritu Santo de Dios, en preferir vivir en el pecado, porque tal demora consiste realmente en eso” (CC 31).

Además, no solo la vida es muy corta, pero, en sí misma y por sí misma también puede ser muy insatisfactoria.

Lee Eclesiastés 2:15-19; 4:4; 5:10; 9:11, 12. ¿De qué modo el mensaje de Salomón aquí solo añade énfasis al punto que presenta Santiago?

Vemos mucha injusticia, mucha falta de equidad, tantas cosas que no tienen sentido en esta vida. No sorprende que todos anhelemos la vida eterna que Jesús nos prometió. Sin eso, somos solo una neblina, un vapor, que desaparece y somos olvidados para siempre.

Evalúa: ¿Cuánto de este mundo te retiene en sus garras? ¿Cómo puedes siempre recordar cuán frágil es todo aquello?

 

Jueves 27 de noviembre:

Saber y hacer lo bueno

Lee Santiago 4:15 al 17 en el contexto de los versículos anteriores a éstos. ¿Qué punto vital se presenta aquí?

Santiago trata aquí con la actitud de dependencia propia. En realidad, él llama a esta actitud, “soberbia”, y a las palabras, “jactancia”, y dice que es “mala”. En esto reside la importancia de una actitud correcta para el cristiano.

Lee el versículo 17. La Biblia define el pecado de dos maneras: 1) hacer lo malo; 2) no hacer lo bueno. La primera definición la da Juan: “El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). Muchas versiones modernas la traducen como “el pecado es ilegalidad”, pero la palabra griega anomía se refiere a violaciones específicas de la ley en vez de una conducta habitual sin leyes. (ver su uso en Rom. 4:7; Tito 2:14; Heb. 10:17). La segunda definición se da en Santiago 4:17: “Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. Por eso debemos ir más allá de solo resistir a la tentación de no hacer lo malo. Se nos llama a ser “hijos de la luz” (Efe. 5:8), y que “así alumbre nuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:16; la cursiva fue añadida por el autor).

Pero uno pude desanimarse fácilmente porque, después de todo, ¿quién hace constantemente todo el bien que puede hacer? Pero ese no es el problema. Aun la vida de Jesús no fue una actividad incesante. Hubo momentos en que se retiró para orar o sencillamente descansar (Luc. 5:16; Mar. 6:31). Pero más importante, él buscó la voluntad de Dios en todo lo que hacía (Juan 5:30). Jesús hasta comparó hacer la voluntad de Dios con comer: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34). Así como hay límites en lo que podemos comer de una vez, también hay límites en cuanto a lo que podemos hacer. Por eso Jesús dice que algunos siembran mientras otros cosechan, pero ambos se gozan juntamente (vers. 36-38). Al trabajar para el Señor, debemos animarnos a hacer más y a orar por una mayor disposición a ser usado en toda manera posible.

¿De qué modo la oración nos ayuda a morir al yo y mantener una actitud de entrega a la voluntad de Dios? Cualesquiera sean tus planes, ¿cómo puedes aprender a entregarlos al Señor?

 

Viernes 28 de noviembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee acerca del valor del tiempo en Palabras de vida del Gran Maestro, “El tiempo”, pp. 277-281, y comparte los puntos que te impresionaron, en tu clase de la Escuela Sabática.

“Ninguno entre vosotros continúe gloriándose contra la verdad al declarar que este espíritu [de discernir los malos motivos de otros] es una consecuencia necesaria de tratar fielmente con pecadores y de mantenerse en defensa de la verdad. Tal sabiduría tiene muchos admiradores; pero es engañosa y dañina. No procede de lo alto sino es producto de un corazón no regenerado. Su originador es Satanás. Ningún acusador de otros se gloríe de tener discernimiento, pues al hacerlo cubre los atributos de Satanás con las vestiduras de justicia” (7 CBA 948).

“El culpable del mal es el primero que lo sospecha. Trata de ocultar o disculpar el mal de su propio corazón condenando a otro. Por medio del pecado fue como los hombres llegaron al conocimiento del mal; apenas Adán y Eva incurrieron en pecado, empezaron a recriminarse mutuamente. Esta será la actitud inevitable de la naturaleza humana, siempre que no sea gobernada por la gracia de Cristo” (DMJ 107, 108).

Preguntas para Dialogar:

  1. Considera la última cita arriba. ¿Cómo podemos protegernos de hacer lo mismo: juzgar y acusar a otros para tratar de sentirnos mejor acerca de nosotros mismos y de nuestras propias fallas?
  2. Medita en el hecho de cuán rápidamente pasa la vida. ¿Qué debería decirnos eso acerca de cuáles deberían ser nuestras prioridades? Aunque la Teoría de la Relatividad Especial dice que el tiempo mismo varía dependiendo de la velocidad con que nos movemos en un marco de referencia, una cosa es cierta: no importa cuán rápida o lentamente transcurra el tiempo, una vez que pasó un momento, pasó para siempre. ¿De qué modo este pensamiento solemne debe impactar lo que hacemos con nuestro tiempo?
  3. ¿Cómo tratamos a las personas cuyos pecados deben ser considerados, sin caer en la trampa contra la que Santiago nos advierte?
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