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APACIENTA A MIS OVEJAS

1 Y 2 DE PEDRO. Dado que nuestro estudio este trimestre se centra en 1 y 2 Pedro, estaremos leyendo las palabras de alguien que estuvo con Jesús en la mayoría de los momentos importantes de su ministerio...!

Segundo trimestre (abril-junio) de 2017

“La persona de Pedro”

Lección 1:  Para el 1 de abril de 2017

 

Sábado 25 de marzo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Lucas 5:1-11; Mateo 16:13-17; 14:22-33; Lucas 22:31-33, 54-62; Gálatas 2:11-14.

Para Memorizar: “Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mat. 14:30, 31).

Pedro es el autor de los dos libros que llevan su nombre (1 y 2 Pedro). Fue uno de los primeros seguidores de Jesús, permaneció con Jesús durante el ministerio del Señor aquí en la tierra y fue uno de los primeros discípulos en ver la tumba vacía. Por lo tanto, Pedro tenía una gran riqueza de experiencias; a partir de estas, e inspirado por el Espíritu Santo, pudo escribir estas poderosas cartas. “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad” (2 Ped. 1:16).

Pedro aparece a menudo en los evangelios, revelando tanto sus triunfos como sus fracasos. Normalmente, era el portavoz de los discípulos en sus interacciones con Jesús. Después de la resurrección y la ascensión, Pedro se convirtió en un líder prominente de la iglesia primitiva. El libro de Hechos habla acerca de él, al igual que el libro de Gálatas.

Más importante aún, Pedro sabía lo que era cometer errores, ser perdonado, y avanzar en fe y humildad. Habiendo experimentado por sí mismo la gracia de Dios, permanece como una voz poderosa para todos aquellos de nosotros que también necesitemos experimentar esa misma gracia.

 

Domingo 26 de marzo:

¡Apártate de mí!

La primera vez que nos encontramos con Pedro, es un pescador en el Mar de Galilea (Mat. 4:18; Mar. 1:16; Luc. 5:1-11). Había estado trabajando toda la noche sin pescar nada. Entonces, él y sus compañeros obedecieron el mandato de Jesús de regresar al lago e intentar nuevamente. Qué sorprendidos debieron de haber estado Pedro y los demás cuando sacaron tantos pescados que sus botes se hundían. ¿Qué debió de haber estado pasando por sus mentes después de este milagro?

Lee Lucas 5:1 al 9. ¿Qué nos dicen las palabras de Pedro a Jesús en Lucas 5:8? Es decir, ¿qué indicios nos dan acerca de dónde se encontraba él espiritualmente?

Pedro debe de haber quedado impresionado por lo que conoció de Jesús. Aún antes de este milagro, cuando Jesús había dicho al grupo que echara sus redes al mar, la respuesta de Pedro, aunque se mostró incrédulo porque no habían pescado nada, fue: “En tu palabra echaré la red” (Luc. 5:5). Pareciera que, ya entonces, Pedro sabía algo sobre Jesús y que este conocimiento lo impulsó a obedecer. De hecho, la evidencia sugiere que, antes de este evento, Pedro ya había estado con Jesús por un tiempo.

Quizás una clave se encuentre en Lucas 5:3, que habla de lo que sucedió antes de esta pesca milagrosa. “Y entrando [Jesús] en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud”. Quizá las palabras de Jesús aquí fueron lo que impresionaron primeramente a Pedro tan profundamente.

Sin embargo, después del milagro, Pedro percibió algo más en Jesús, algo santo en contraste con su propia pecaminosidad. Al darse cuenta de su pecaminosidad, y por disposición a reconocerla públicamente, Pedro muestra cuán abierto estaba al Señor. ¡No es de extrañar que haya sido llamado! Cualesquiera que hayan sido sus faltas, y eran muchas, Pedro era un hombre espiritual que estaba listo para seguir al Señor, sin importar el costo.

Lee Lucas 5:11. ¿Cuál es el principio crucial aquí? ¿Qué nos indica este texto acerca de la clase de compromiso nos pide Jesús? ¿Qué debería decirnos, también, el hecho de que estos pescadores estaban dispuestos a abandonarlo todo cuando sus redes acababan de llenarse?

 

Lunes 27 de marzo:

Confesando al Cristo

Uno de los momentos más importantes en la historia de Jesús ocurrió en un diálogo con Pedro. Jesús acababa de lidiar con algunos de los escribas y fariseos, que lo habían estado desafiando para que les diera una señal, algo que probara quién era él (ver Mat. 16:1-4). Entonces, más tarde, a solas con los discípulos, Jesús habló acerca de los dos milagros que había realizado, en los que alimentó a miles de personas con solamente unos pocos panes y peces. Hizo todo esto en el contexto de advertir a los discípulos acerca de la “levadura de los fariseos y de los saduceos” (Mat. 16:11).

Lee Mateo 16:13 al 17. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Cuál es la importancia de las palabras de Pedro a Jesús?

Pedro aquí habló audazmente de su fe en Jesús. Y a partir de Mateo 16:20, nos queda claro que su confesión de Cristo como el Mesías también era compartida por los demás discípulos. Este fue de ser un momento decisivo en el ministerio de Jesús, aun cuando los discípulos, incluyendo Pedro, tenían mucho que aprender.

“Los discípulos seguían esperando que Cristo reinase como un príncipe temporal. Creían que, si bien les había ocultado durante tanto tiempo su designio, no permanecería siempre en la pobreza y oscuridad; debía estar cerca el tiempo para establecer su reino. Los discípulos nunca se detuvieron a pensar que los sacerdotes y rabinos no iban a cejar en su odio, que Cristo sería rechazado por su propia nación, condenado como impostor y crucificado como malhechor” (DTG 383).

Tan pronto como los discípulos reconocen a Jesús como el Mesías, Jesús comienza a enseñar que debe sufrir y morir (ver Mat. 16:21-23), un concepto que Pedro no podía aceptar. Pedro quedó tan indignado que “reconvino” a Jesús. Jesús, entonces, se vuelve hacia Pedro y le dice: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (Mat. 16:23). Esta es una de las cosas más duras que Jesús haya dicho a cualquier persona durante su ministerio; sin embargo, lo hizo por el bien de Pedro mismo. Las palabras de Pedro reflejan sus propios deseos, su propia actitud egoísta acerca de lo que deseaba. Jesús tuvo que detenerlo en seco, en ese mismo instante y lugar; y aunque Jesús en realidad estaba dirigiéndose a Satanás, Pedro captó el mensaje: necesitaba aprender que servir al Señor involucraba sufrimiento. Y en sus escritos posteriores queda claro que aprendió esta lección (ver 1 Ped. 4:12).

¿Cuán a menudo tus deseos personales colisionan con lo que sabes que Dios desea que hagas? ¿Cómo decides qué hacer en esas situaciones?

 

Martes 28 de marzo:

Caminando sobre el agua

En el tiempo en que estuvieron con Jesús, los discípulos vieron muchas cosas increíbles, aunque pocas pueden compararse con los eventos que se describen en Mateo 14:13 al 33, Marcos 6:30 al 52 y Juan 6:1 al 21. Jesús usó cinco pequeñas rodajas de pan y dos pescados para alimentar a más de 5.000 personas. Una vez más, ¿qué debió de haberse cruzado por la mente de los discípulos después de presenciar algo como eso?

Lee Mateo 14:22 al 33. ¿Cuál es el mensaje más importante que podemos extraer de esta historia para nosotros mismos, que nos sirva de ayuda en nuestro caminar con el Señor?

Con la alimentación de las multitudes, estos hombres acababan de presenciar el poder de Jesús de una manera increíble. Verdaderamente, Jesús tenía control sobre el mundo natural. Eso debió de haber sido lo que ayudó a Pedro a hacer este pedido osado y algo presuntuoso: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (Mat. 14:28).

¡Qué expresión de fe!

Jesús, entonces, reconoció esta fe y le dijo a Pedro que viniera, lo cual hizo, manifestando una vez más su fe. Una cosa habría sido caminar sobre el agua cuando estaba calma, pero Pedro lo hizo en medio de una tormenta.

La lección más común extraída de esta historia es la de no quitar la vista de Jesús. Sin embargo, hay algo más: Pedro seguramente confiaba en Jesús, o nunca le habría hecho ese pedido a Jesús ni habría actuado cuando este accedió. Sin embargo, una vez que lo hizo, comenzó a sentir miedo y, con ese temor, comenzó a hundirse.

¿Por qué? ¿No podría Jesús haber mantenido a Pedro a flote a pesar del miedo de este? Jesús, no obstante, permitió que Pedro alcanzara el punto en el que no podía hacer otra cosa que clamar en su desesperación: “¡Señor, sálvame!” (Mat. 14:30). Entonces, Jesús estiró la mano e hizo exactamente lo que Pedro le pedía. El hecho de que “Jesús, extendiendo la mano, asió de él” (Mat. 14:31), cuando simplemente podría haberlo mantenido a flote sin necesidad de contacto físico, seguramente ayudó a que Pedro se percatara de cuánto necesitaba aprender a depender de Jesús.

Podemos comenzar nuestra caminata con gran fe, confiando en el poder de nuestro Señor; pero, cuando la situación se pone difícil, necesitamos recordar las palabras de Jesús a Pedro: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mat. 14:31).

 

Miércoles 29 de marzo:

Negando a su Señor

Lee Lucas 22:31 al 34, y 54 al 62. ¿Qué lecciones podemos aprender de los fracasos de Pedro?

Las intenciones de Pedro eran buenas. Y, de hecho, mostró más coraje que los demás discípulos, pues siguió a Jesús a fin de descubrir qué le sucedería. Sin embargo, para lograr eso, decidió esconder su verdadera identidad. Esta concesión, esta desviación del camino de lo bueno y lo correcto, lo llevó a negar a su Señor tres veces, exactamente como se lo había advertido Jesús.

La historia de Pedro aquí es, tristemente, muy instructiva respecto de lo devastador que puede ser el resultado de hacer concesiones y transigir con el pecado.

Como sabemos, la historia cristiana está repleta de consecuencias terribles, que sobrevienen cuando los cristianos hacen concesiones en cuanto a verdades cruciales. Aunque la vida misma a menudo implica hacer concesiones, y a veces debemos estar dispuestos a ceder, debemos mantenernos firmes cuando se trata de verdades cruciales. Como pueblo, tenemos que aprender respecto de qué nunca debemos hacer concesiones, bajo ninguna circunstancia (ver, por ejemplo, Apoc. 14:12).

Según Elena de White, la concesión de Pedro y su fracaso comenzaron en el Getsemaní, cuando durmió en vez de orar, por lo que no estuvo preparado espiritualmente para lo que venía. Si hubiera dedicado ese tiempo a la oración ferviente, escribió Elena de White, “no habría negado a su Señor” (DTG 660).

Sí, Pedro fracasó tremendamente. Pero, por grande que haya sido su fracaso, la gracia de Dios fue aún mayor. “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20). Fue el perdón de Jesús lo que hizo de Pedro uno de los líderes prominentes de la iglesia cristiana primitiva. Qué lección poderosa, para todos nosotros, sobre la realidad de la gracia de Dios: a pesar de nuestros fracasos, ¡deberíamos levantarnos y avanzar por fe!

Sí, Pedro sabía lo que significaba ser perdonado. Él sabía de primera mano exactamente de qué se trataba el evangelio, porque lo había experimentado; y no solamente había vivido la realidad de su pecaminosidad humana, sino también la grandeza y la profundidad del amor y la gracia de Dios para con los pecadores.

¿Cómo podemos aprender a perdonar a aquellos que nos han decepcionado, como Pedro decepcionó aquí a Jesús?

 

Jueves 30 de marzo:

Pedro como líder de iglesia

Durante el ministerio de Jesús, Pedro a menudo ejerció el papel de líder de los doce discípulos. Era el portavoz habitual del grupo. Cuando Mateo presenta la lista de los discípulos, dice “primero […] Pedro” (Mat. 10:2). Pedro también jugó un papel prominente en la iglesia primitiva. Fue él quien tomó la iniciativa de designar a un discípulo que reemplazara a Judas Iscariote, quien había traicionado a Jesús (Hech. 1:15-25). En el día de Pentecostés, fue Pedro quien explicó a las multitudes que estaban viendo el don prometido del Espíritu, derramado por Dios sobre su pueblo (Hech. 2:14-36). También fue él quien, al ser arrestado por predicar sobre la resurrección de los muertos, habló frente al sumo sacerdote y demás líderes judíos reunidos (Hech. 4:1-12). Fue Pedro a quien Dios dirigió hacia Cornelio, el primer gentil en ser aceptado como seguidor de Jesús (Hech. 10:1-48). Fue él a quien Pablo visitó durante quince días, cuando este fue por primera vez a Jerusalén después de su conversión (Gál. 1:18). De hecho, al describir a los seguidores de Jesús en Jerusalén en ese tiempo, Pablo identifica a tres “pilares” de la iglesia: Pedro, Santiago el hermano de Jesús, y Juan, el discípulo amado (Gál. 2:9).

Lee Gálatas 1:18 y 19; y 2:9, y 11 al 14. ¿Qué nos dicen estos textos acerca de Pedro, aun cuando se destacaba como líder en la iglesia primitiva?

Aun siendo líder de iglesia, alguien claramente llamado por el Señor (Jesús le dijo a Pedro: “Apacienta mis ovejas” [Juan 21:17]), y quien recibió la visión acerca de “que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hech. 10:28), Pedro todavía necesitaba un crecimiento importante.

En los primeros años de la iglesia, casi todos los cristianos eran judíos, muchos de los cuales eran “celosos por la ley” (Hech. 21:20). En su interpretación de la ley, comer con los gentiles era un problema, porque estos eran considerados inmundos. Cuando algunos judíos cristianos de parte de Santiago, de Jerusalén, llegaron a Antioquía, Pedro dejó de comer con los gentiles.

Para Pablo, un comportamiento tal era un ataque al evangelio mismo. Consideró que las acciones de Pedro eran una hipocresía abierta y no tuvo temor de desafiarlo sobre eso. De hecho, Pablo aprovechó la oportunidad para expresar la enseñanza clave de la fe cristiana: justificación solo por la fe (ver Gál. 2:14-16).

Aunque había sido llamado por Dios, Pedro tenía algunos puntos ciegos que debían ser corregidos. ¿De qué modo respondemos cuando otras personas intentan señalar nuestros propios “puntos ciegos”?

 

Viernes 31 de marzo

Para Estudiar y Meditar:

Lee “El llamamiento a orillas del mar” y “Una noche sobre el lago”, El Deseado de todas las gentes, pp. 211-216; 340-346.

A causa del temprano reconocimiento de su propia pecaminosidad, su declaración audaz de que Jesús era “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mat. 16:16), la terrible negación de su Señor e, incluso, sus triunfos y errores como un líder en la iglesia, Pedro ciertamente fue un jugador clave. Así, bajo la inspiración inmaculada del Espíritu Santo, pudo escribir lo que escribió, no solamente por conocimiento teórico, sino por su experiencia práctica. Conocía no solamente la gracia salvadora de Cristo, sino también su gracia transformadora: “Antes de su estrepitosa caída era siempre exagerado y dictatorial, y hablaba en forma imprudente e impulsiva. Estaba siempre listo para corregir a los demás y expresar su parecer antes de comprenderse bien a sí mismo o lo que tenía que decir. Pero Pedro se convirtió, y el Pedro convertido era muy diferente del Pedro irreflexivo e impetuoso. Aunque mantuvo su antiguo fervor, la gracia de Cristo templaba su celo. En lugar de ser impetuoso, lleno de confianza y de exaltación propia, era calmado, sereno y dócil. Ahora sí podía apacentar tanto a los corderos como a las ovejas de la grey de Cristo” (TI 5:313).

¿Quién de nosotros, hasta cierto punto, no se siente identificado con Pedro? ¿Quién no se ha puesto de pie audazmente por su fe en algún momento? Y ¿quién no ha fracasado miserablemente alguna vez?

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿Qué nos dice acerca de la gracia de Dios el hecho de que Pedro, aun después de su negación vergonzosa de Jesús, llegara a jugar un papel tan prominente, no solamente en la iglesia temprana sino también en la fe cristiana misma? (Después de todo, escribió parte del Nuevo Testamento.) ¿Qué lecciones podemos obtener de esta restauración acerca de cómo lidiar con aquellos que, a su propio modo, le han fallado al Señor?
  2. En la clase, hablen más acerca de los peligros que puede enfrentar la iglesia por hacer concesiones. ¿De qué modo podemos saber en qué cosas debemos negociar, y en qué otras no debemos transigir bajo ninguna circunstancia? ¿Qué ejemplos de transigencias encontramos en la historia de la iglesia, que llevaron al desastre? ¿Qué lecciones podemos aprender de estos eventos?
  3. Pedro aprendió algunas lecciones por el camino difícil. Al ver sus errores, ¿de qué forma podemos aprender aquellas lecciones que es necesario que sepamos, pero de una manera más fácil que Pedro?