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Cuarto trimestre (octubre-diciembre) de 2014

 “El evangelio eterno”

Lección 13: – Para el 27 de diciembre de 2014

 

Sábado 20 de diciembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Hebreos 4:2; Salmos 130:3, 4; Lucas 15:11-32; Romanos 3:24-26; Hebreos 10:1-4; Apocalipsis 14:12.

Para Memorizar: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jer. 31:3).

En nuestro estudio de Santiago, hemos considerado varios problemas relacionados con el evangelio, e hicimos algunas comparaciones con otros autores bíblicos. No siempre es fácil comprender claramente cómo combina Santiago con otras partes de la Escritura, especialmente en lo que afecta algo tan central como el evangelio mismo, pero como vimos, lo hace. Y esto es también muy importante, porque el evangelio es el fundamento de nuestra comisión de los últimos días de predicar el “evangelio eterno… a toda nación, y tribu, y lengua y pueblo” (Apoc. 14:6).

En esta semana final, nos concentraremos en las preguntas básicas con respecto al “evangelio eterno”, que es la salvación por la fe, una creencia que enseña toda la Biblia, incluyendo Santiago.

El punto vital es recordar que la Biblia no se contradice, especialmente en algo tan básico como la salvación. Al terminar este trimestre, al mirar cómo se ve el evangelio en la Biblia, podremos ver mejor cómo Santiago aparece en este cuadro más amplio del plan de redención de Dios.

 

Domingo 21 de diciembre:

El evangelio en el Antiguo Testamento

“Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Heb. 4:2).

Este versículo tiene implicaciones asombrosas. Primeramente porque el evangelio, no sencillamente “buenas nuevas” sino las buenas nuevas, se predicaron en el Antiguo Testamento. Segundo, se las predicó entonces así como en los tiempos del Nuevo Testamento. No hay ningún indicio que hubiera alguna diferencia en el mensaje mismo. Por lo tanto, el problema no tenía que ver con el mensaje sino con la forma en que se lo oyó. También hoy, personas diferentes pueden escuchar el mismo evangelio de forma muy diferente. Cuán vital es, entonces, que nos entreguemos con fe total a la enseñanza de la Palabra, de modo que cuando se predique el evangelio, lo escuchemos correctamente.

Lee los siguientes versículos, y resume el mensaje del evangelio en cada uno: Gén. 3:15; Éxo. 19:4-6; Sal. 130:3, 4; 32:1-5; Isa. 53:4-11; Jer. 31:31-34.

¿Notaste una frase en común? Dios interviene para salvarnos; nos perdona los pecados y pone “enemistad” en nosotros hacia el pecado, de modo que podamos estar “dispuestos a obedecer” (Isa. 1:19, NVI). Uno (Jesús) murió por los muchos, cargó sus (nuestras) iniquidades, y justifica a los que no lo merecen. El nuevo pacto es diferente del pacto antiguo porque la ley está escrita en el corazón, y “nunca más me acordaré” de sus pecados (Heb. 8:12). En pocas palabras, el perdón y el nuevo nacimiento son un paquete: la justificación y la santificación representan la solución divina del problema del pecado. Estos pasajes podrían multiplicarse, porque el mensaje es el mismo en toda la Biblia: a pesar de nuestro pecado, Dios nos ama y ha hecho todo lo que es posible para librarnos del pecado.

¿Cómo nosotros, personas que creemos en la importancia de guardar la ley, podemos protegernos del error de creer que guardar la ley es lo que nos justifica? ¿Por qué eso no siempre es fácil de hacer?

 

Lunes 22 de diciembre:

El evangelio encarnado

¡Algunos tienen mucha dificultad de encontrar el evangelio en los Evangelios! Las enseñanzas de Jesús pueden parecer legalistas, pero sólo es si no escuchamos el resto de la historia. La mayoría de los israelitas del tiempo de Jesús creían que estaban en buena posición delante de Dios. Sostenían el templo pagando el impuesto establecido y ofreciendo los sacrificios adecuados. Se abstenían de carnes impuras, circuncidaban a sus hijos, guardaban los días de fiesta y los sábados, y trataban de guardar la ley como la enseñaban sus líderes religiosos. Entonces vino Juan y clamó: “¡Arrepentíos! y bautizaba. Además, Jesús dijo que se necesitaba un nuevo nacimiento (Juan 3:3, 5) y que “si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mat. 5:20). En otras palabras, Jesús estaba diciendo: “Ustedes necesitan lo que no tienen. Sus obras no son suficientemente buenas”.

Lee Lucas 15:11 al 32, y 18:9 al 17. ¿De qué modo estas parábolas ilustran el evangelio?

En la parábola del hijo pródigo, el hijo estaba perdido y no lo sabía. Finalmente comenzó a ver el amor de su padre de otra manera, y anheló volver. Su orgullo desapareció. Esperando ser aceptado como un siervo, queda atónito al ser recibido con honor por su padre. La relación se transformó. Una inversión de las expectativas aparece en la segunda parábola. Dios ignora al fariseo “justo”, mientras el publicano “pecador” es aceptado y sale justificado, perdonado y libre de culpa.

Ambas historias nos ayudan a ver a Dios como un Padre y el que Justifica a los impíos. Cuando describe la copa de jugo de uvas como “Mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”, Jesús sufre como el verdadero Cordero Pascual, la muerte que debía haber sido la nuestra (Mat. 26:28; compara con Mar. 10:45). De este modo, la salvación es gratuita para nosotros porque Jesús, pagó el precio total por ella.

¿Qué esperanza puedes obtener de estas parábolas para ti mismo? ¿De qué manera te relacionas con alguno de sus personajes, y qué necesitas cambiar en tu vida espiritual?

 

Martes 23 de diciembre:

El evangelio en Pablo

Como muchos, Pablo creía estar en una buena situación espiritual. Pero entonces vio a Jesús como el “Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20). De repente se vio perdido; no el siervo de Dios, sino enemigo de Dios; no justo, sino el principal de los pecadores. Las escamas cayeron de sus ojos al leer el Antiguo Testamento. La revelación personal de Dios a él, y con las Escrituras, transformó su corazón y cambió su vida. No entenderemos las epístolas de Pablo hasta que reconozcamos estos hechos básicos que las produjeron.

Lee 2 Corintios 3:14 al 16, y luego los versículos 2 al 6. ¿Qué identifica Pablo como el paso vital?

El significado del pacto antiguo resulta claro solo “cuando se conviertan al Señor” (vers. 16). Jesús es el camino de salvación. Todo comienza y termina con él. Israel –al confiar en su obediencia, como Pablo antes de su conversión− veía el pacto antiguo como un ministerio de muerte. ¿Por qué? Porque “todos pecaron” (Rom. 3:23), incluyendo Israel, y los mandamientos solo podían condenarlos (2 Cor. 3:7). En contraste, los creyentes en Corinto eran “carta de Cristo… escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra sino en tablas de carne del corazón” (2 Cor. 3:3).

Lee Romanos 1:16, 17; 3:24 al 26. ¿Cómo define Pablo el evangelio? ¿Qué recibimos por medio de Cristo por fe?

El evangelio es el poder de Dios para salvar “a todo aquel que cree”. La justicia se basa en lo que Cristo hizo por nosotros, no en lo que hacemos, y que reclamamos por fe. Esta creencia crece “por fe y para fe” (Rom. 1:17). Pablo desarrolla esto en Romanos, pero el núcleo se encuentra en el capítulo 3. Por medio de Cristo tenemos redención (Dios nos volvió a comprar y pagó por nuestros pecados), justificación (nos libró de la culpa y purificó por gracia), y perdón (Dios nos aceptó otra vez y “se olvida” de nuestros pecados pasados). Es sorprendente: Dios, por el sacrificio de Cristo, se demuestra justo al justificar a los injustos que pusieron su fe en Jesús.

 

Miércoles 24 de diciembre:

El “nuevo” pacto

Hebreos describe el nuevo pacto como “mejor” que el antiguo pacto (Heb. 8:1, 2, 6). La pregunta obvia es: ¿Por qué estableció Dios el pacto antiguo si era defectuoso? Pero el problema no es con el pacto, sino con la respuesta de la gente a él.

Lee Hebreos 7:19; 8:9; y 10:1 al 4. ¿Qué problemas con el pacto antiguo se mencionan?

Los hijos de Israel “no permanecieron fieles” al pacto (Heb. 8:9), sino fueron desobedientes. Los sacrificios de animales en el pacto antiguo nunca podían quitar los pecados (Heb. 10:4), o sea, el problema del pecado permanecía. Sólo “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” podía expiar el pecado, aún los cometidos bajo el pacto antiguo (Heb. 10:10; 9:15). Y eso era porque “nada perfeccionó la ley”, pero sí lo hizo “la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios” (Heb. 7:19) por medio de la promesa del nuevo pacto.

En un sentido, el nuevo pacto no es nuevo –desde la promesa en el Edén de que la simiente aplastaría la cabeza de la serpiente−, el plan de salvación siempre estuvo fundado en la muerte de Cristo, “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8; ver también Jer. 32:40; Heb. 13:20, 21; Juan 13:34).

“El pacto de la gracia no es una verdad nueva, porque existió en la mente de Dios desde toda la eternidad. Por esto se lo llama el pacto eterno” (FILB, 77).

Pablo nos muestra que algo especial sucede cuando nos volvemos al Señor. Dios prometió, en relación con el pacto eterno, “pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” (Jer. 32:40). Sin fe, traer sacrificios de animales era como pagar por los pecados. Mirando a Jesús, en cambio, quien “sufrió la cruz, menospreciando el oprobio” (Heb. 12:2, 3), vemos el inmenso costo del pecado; las buenas nuevas son que el costo ha sido pagado, “por la sangre del pacto eterno” (13:20). Este “nuevo” pacto transforma la manera en que miramos todo, como el mandamiento de amarnos unos a otros. No es nuevo (Lev. 19:18), solo que no hemos de amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, sino como “yo [Jesús] os he amado” (Juan 13:34).

¿Cómo podremos alguna vez aprender a amar a otros como Jesús nos amó?

 

Jueves 25 de diciembre:

La culminación del evangelio

“Sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas” (Apoc. 10:7).

Es significativo que Apocalipsis 10:7 es el único versículo fuera de Apocalipsis 14:6 que se refiere a la predicación del evangelio (la palabra griega para “anunció” es euangelízo, “proclamar las buenas nuevas”). Estos dos capítulos son especiales para los adventistas, porque describen nuestra vocación y comisión. Dios nos ha comisionado específicamente para proclamar el “evangelio eterno”.

Como vimos, el evangelio es el mismo del Génesis al Apocalipsis. La ley es la misma. El pacto es el mismo. Jesús, Pablo y Santiago afirman que el evangelio es el mismo que creyó Abrahán (Juan 8:56; Rom. 4:13; Sant. 2:21-23). Algunos tienen dificultad con esta afirmación porque definen el evangelio en forma más estrecha que la Escritura. La fe obediente de Abrahán, se originó con su visión anticipada del sacrificio de Jesús. No necesitamos equilibrar nuestra fe con obras a fin de ser salvos. La fe sola es suficiente, pero no debe ser una fe intelectual como tienen los demonios, ni una fe presuntuosa que reclama las promesas de Dios sin cumplir con las condiciones de la salvación; más bien debe ser una fe que obra.

¿Por qué las referencias en Apocalipsis 12:17 y 14:12 a guardar los mandamientos, y al testimonio y la fe de Jesús, son importantes en el contexto del evangelio eterno?

El tema decisivo al final del tiempo es: ¿a quién adoraremos y obedeceremos? ¿Al Dios “que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apoc. 14:7)? ¿O a la bestia y a su imagen? La obediencia a los mandamientos (incluyendo el sábado) por medio de la fe de Jesús distingue a los que permanecen fieles hasta el fin. La verdadera religión demanda fe y obediencia.

“Aunque fue a menudo en medio de oprobios y persecuciones, nunca se dejó de rendir testimonio constante al carácter perpetuo de la ley de Dios y a la obligación sagrada del sábado de la creación.

“Estas verdades, tal cual están presentadas en Apocalipsis 14, en relación con el ‘evangelio eterno’, serán lo que distinga a la iglesia de Cristo cuando él aparezca”. (CS 506).

 

Viernes 26 de diciembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee “El fuerte clamor”, en Eventos de los últimos días, pp. 201-204.

“Necesitamos alcanzar una norma más alta, avanzar y reclamar nuestros privilegios exaltados. Debemos andar humildemente con Dios, no hacer orgullosas jactancias de perfección de carácter, sino con fe sencilla reclamar cada promesa en la palabra de Dios; porque ellas son para los obedientes, no para los transgresores de la ley de Dios. Sencillamente debemos creer el testimonio de Dios, y depender enteramente de él, y todas las posibilidades de gloria propia y orgullo serán eliminadas. En realidad somos salvados por la fe, no por una fe pasiva, sino por la fe que obra por amor, y purifica el alma. La mano de Cristo se extiende hasta el mayor pecador, para traerlo de regreso de las transgresiones a la obediencia; pero ningún cristianismo es tan elevado que puede volar por sobre los requerimientos de la santa ley de Dios. Esto sería más allá del poder de Cristo para ayudar, estaría fuera de sus enseñanzas y ejemplo; porque él dice: ‘He guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor’, y todos los que siguen a Cristo obedecerán la santa ley de Dios” (ST 31 de marzo de 1890).

Preguntas para Dialogar:

  1. Analiza el énfasis que dan en el evangelio tanto las enseñanzas de Jesús, Santiago y Pablo, incluyendo las semejanzas y diferencias entre ellos. ¿Cómo, al ponerlos juntos y ver el cuadro completo, podemos protegernos de caer, ya sea en el legalismo o en un concepto de gracia barata?
  2. Cuando te sientas desanimado acerca de tu condición espiritual, ¿qué promesas del evangelio puedes reclamar para evitar el desánimo? ¿Por qué, aun en las épocas más oscuras, nunca debes renunciar, y por qué la promesa de la justicia de Cristo como un don para los pecadores que no lo merecen, es la clave para protegernos de abandonar todo?
  3. Los mensajes de los tres ángeles conectan la Creación muy estrechamente con la redención y la salvación. Lo mismo hace Juan 1:1 al 14. ¿Por qué estos dos temas están tan estrechamente vinculados? ¿Cómo esta íntima conexión ayuda a explicar por qué el sábado es un componente tan central en la ley de Dios? ¿Cómo este vínculo estrecho nos ayuda a comprender la centralidad del sábado en el conflicto final de los últimos días?
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