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“La Ley de Dios”

Lección 10:  Para el 6 de septiembre de 2014

 

Sábado 30 de agosto

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 5:17-19; 5:21-44; Marcos 7:9-13; Mateo 19:16-22.

Para Memorizar: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Aunque muchos líderes en Israel sostenían muy en alto la Ley, algunos malentendían su propósito, creyendo que podían obtener la justicia al obedecer la Ley. Como escribió Pablo, “ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (Rom. 10:3).

Por esta razón, Jesús a menudo cuestionó e, incluso, rechazó las tradiciones de los líderes religiosos de su tiempo (Mar. 7:1-13). Y ellos, que no comprendían el propósito de la Ley, criticaron y confrontaron a Jesús por sus enseñanzas acerca de esta.

Es importante entender que, aunque reprendió las prácticas abiertamente legalistas de los fariseos, Jesús sostuvo en alto los Diez Mandamientos, afirmó claramente la perpetuidad del Decálogo, y explicó su significado y su propósito. Cristo mismo dijo que había venido a cumplir la Ley (Mat. 5:17). De muchas maneras, su muerte fue la máxima revelación de la permanente validez de la Ley de Dios.

Esta semana, analizaremos las enseñanzas de Jesús sobre la Ley y el impacto que sus enseñanzas deberían tener en nuestras propias vidas.

 

Domingo 31 de agosto:

Jesús no cambió la Ley

¿Qué enseña Mateo 5:17 al 19 acerca de la actitud de Jesús hacia la Ley?

Aunque la palabra ley a menudo es utilizada para referirse a los primeros cinco libros de la Biblia (también conocidos como el Pentateuco o la Torah), en este caso el contexto pareciera indicar que Jesús se refería principalmente a los Diez Mandamientos. Al decir que no había venido para “abrogar” la Ley, Jesús está diciendo, literalmente, no he venido para invalidar o abolir los Diez Mandamientos. Esta declaración es muy clara y, probablemente, tiene el fin de mostrar que eran los líderes religiosos, no Jesús, quienes habían estado destruyendo la Ley, neutralizando su propósito mediante su tradición (Mat. 15:3, 6). En contraste, al cumplir la Ley y darle un significado más profundo, Cristo vino para darnos un ejemplo de obediencia perfecta a la voluntad de Dios.

Lee Hechos 7:38. ¿Quién fue el Ángel que habló con Moisés y le dio la Ley en el Monte Sinaí? Isa. 63:9; 1 Cor. 10:4. ¿Por qué es importante esto?

 

“Cristo no sólo fue el que dirigía a los hebreos en el desierto [...] sino que también fue él quien dio la Ley a Israel. En medio de la terrible gloria del Sinaí, Cristo promulgó a todo el pueblo los Diez Mandamientos de la Ley de su Padre, y dio a Moisés esa Ley grabada en tablas de piedra” (PP 382).

El hecho de que Cristo mismo fue quien dio a Moisés la Ley en el Monte Sinaí hace que sea aún más importante que la tomemos en serio. Además, si el mismo dador de la Ley amplió su significado a través de sus enseñanzas, tal como las encontramos en los evangelios, haríamos bien en obedecer esa Ley. Es imposible encontrar en la vida y las enseñanzas de Jesús alguna cosa que implique que los Diez Mandamientos ya no se aplican a los cristianos. Al contrario, las palabras y el ejemplo de Jesús nos enseñan lo opuesto.

Si bien sabemos que la Ley aún está en vigencia, también sabemos que no puede salvarnos (Gál. 3:21). ¿De qué manera podemos entender, entonces, la relación entre la Ley y la gracia?

 

Lunes 1 de septiembre:

Jesús profundizó el significado de la Ley

Luego de establecer la perpetuidad de los Diez Mandamientos, Jesús continuó su Sermón del Monte exponiendo algunos ejemplos específicos de las leyes del Antiguo Testamento. El pueblo había malinterpretado tanto estos mandatos específicos que Jesús sintió que era de vital importancia explicar su verdadero significado.

¿Qué contraste presentó Jesús para cada aspecto de la Ley mencionado en el Sermón del Monte? ¿A qué autoridad apeló en todos los casos? Mat. 5:21-44.

Nota que, en cada caso, Jesús cita primeramente un texto del Antiguo Testamento (Éxo. 20:13, 14; Deut. 5:17, 18; Éxo. 21:24; Lev. 24:20; Deut. 19:21) y, luego, pareciera argumentar en contra de cada texto. ¿Estaba Jesús desacreditando la Ley? Por supuesto que no. Al explicar mejor y ampliar lo que los líderes religiosos habían reducido a nada más que formalidades, Jesús simplemente está contrastando las enseñanzas de los fariseos con el verdadero significado de la Ley.

Los rabinos citaban la tradición como la autoridad para sus interpretaciones de la Ley. En oposición a esto, Cristo habló basado en su propia autoridad, como el dador mismo de la Ley. La expresión “pero yo os digo” aparece seis veces en este capítulo. ¿Quién sino el Señor mismo podía hacer semejante aseveración?

Lo fascinante, también, es que los requerimientos de Cristo van radicalmente más allá de la simple forma de la Ley. Sus enseñanzas incluyen el espíritu que está detrás de la letra de la Ley. El espíritu que imparte significado y vida a lo que, de otro modo, sería mero formalismo. Guardar la Ley, por sí solo, como un fin en sí mismo, solo llevaría a la muerte, a menos que entendamos la Ley como una expresión de lo que significa ser salvos por gracia.

Considera la actitud de los escribas y fariseos, tal como está descripta en Mateo 23:3 al 5 y 23 al 28. ¿De qué manera podemos obedecer los Mandamientos de Dios de todo corazón, sin caer en una hipocresía y un legalismo similares? ¿Qué papel importantísimo juega la correcta comprensión de la gracia para evitar que caigamos en el legalismo?

 

Martes 2 de septiembre:

Jesús y el séptimo Mandamiento

¿De qué manera amplió Jesús el significado de la Ley en Mateo 5:27 y 28? ¿Qué dijo en los versículos 29 y 30? ¿Cómo entendemos estas palabras?

En este pasaje, Cristo se refiere a dos Mandamientos: el séptimo y el décimo. Hasta entonces, los israelitas habían considerado que el adulterio era solo el acto sexual físico con el cónyuge de otra persona. Jesús señala que, en realidad, el adulterio incluye también los pensamientos y deseos inmorales.

En los versículos 29 y 30, Cristo utiliza un lenguaje figurado. Por supuesto, se podría argumentar que sería mejor sobrellevar esta vida mutilada antes que perder la eternidad con Cristo. Sin embargo, en vez de señalar la mutilación como la solución, lo cual sería contrario a otras enseñanzas bíblicas (Lev. 19:27, 28; 21:17-20), Jesús se refiere al control de los pensamientos e impulsos propios. Al referirse a sacarse un ojo o cortarse una mano, Cristo habla figuradamente de la importancia de tomar resoluciones y acciones firmes para guardarse de la tentación y del pecado.

¿Qué preguntaron los fariseos a Jesús en Mateo 19:3, y por qué se trataba de una pregunta tramposa? Ver el vers. 7. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Mat. 19:4-9; compara con Mat. 5:31, 32.

Ambos textos (Mat. 5:31; 19:7) son citas de Deuteronomio 24:1. En los días de Jesús, dos escuelas rabínicas interpretaban este texto de dos maneras diferentes: Hillel entendía que permitía el divorcio casi por cualquier motivo, mientras que, para Shammai, la razón para el divorcio era solamente el adulterio explícito. Los fariseos intentaban que Jesús cayera en la trampa de elegir una escuela u otra. Sin embargo, no tomaron en cuenta que el plan original de Dios nunca fue que las parejas se divorciaran. “Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mat. 19:6). Luego, por la “dureza” de su corazón, los fariseos preguntaron por qué Dios había permitido que un hombre entregara a su esposa una “carta de divorcio” si encontraba en ella “alguna cosa indecente” (Deut. 24:1). Cristo corrigió el mal uso de este pasaje al sostener en alto la santidad y perpetuidad del matrimonio: la única causa para el divorcio, ante Dios, es la “inmoralidad sexual” o “fornicación” (en griego, porneia, literalmente “falta de castidad”).

¿Cuán seriamente tomamos lo que Cristo quiso decir a través de su advertencia de quitarse un ojo o cortarse la mano? ¿Podría haber una advertencia más fuerte que ésta respecto del impacto que el pecado puede tener en nuestro destino eterno? Si esta advertencia te asusta, mejor. ¡Debería hacerlo!

 

Miércoles 3 de septiembre:

Jesús y el quinto Mandamiento

Durante otro encuentro de Jesús con los escribas y fariseos (Mat. 15:1-20; ver también Mar. 7:1-13), ellos lo interrogaron en cuanto a una tradición de los ancianos, que no figura en la ley de Moisés. Según esta tradición, se debía seguir el ritual de lavarse las manos antes de comer, algo que los discípulos de Jesús no habían hecho. Cristo respondió citando otra tradición de los fariseos que invalidaba el quinto Mandamiento.

Antes de analizar el argumento de Cristo, debemos entender que la tradición establecida por los fariseos, llamada Corban, proviene de una palabra que significa “un don”. Cuando un hombre aplicaba las palabras “es Corban” a una cosa, era considerado un voto: algo dedicado a Dios y al Templo.

Lee Marcos 7:9 al 13. ¿De qué maneras la tradición de los fariseos era una forma sutil de violar el quinto Mandamiento? Considera la importancia de presentar ofrendas a Dios (Éxo. 23:15; 34:20) y la santidad de un voto hecho al Señor (Deut. 23:21-23).

Pareciera que los fariseos habían encontrado la excusa perfecta para negar a los padres el sustento que merecen. Habían ampliado los principios del Pentateuco y los habían transformado en mandamientos de hombres que, según su propio pensamiento, podían sustituir uno de los Mandamientos de Dios.

Esta no es la única ocasión en la cual Jesús lidió con la misma perversión espiritual: “Mas ¡ay de vosotros, fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello” (Luc. 11:42, énfasis añadido). Los fariseos debían haber guardado ambos mandamientos,  honrar primero a su padre y a su madre, sin dejar de lado sus ofrendas al Señor.

No es sorprendente que Jesús haya resumido su argumento aplicando a los fariseos la descripción que Isaías había hecho de los israelitas: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mat. 15:8, 9). Una vez más, Cristo sostuvo en alto los Diez Mandamientos y contrastó su propia posición con la de los fariseos.

¿De qué forma podrías tú también estar buscando pequeños resquicios legales a fin de evitar cumplir con lo que, claramente, es tu deber?

 

Jueves 4 de septiembre:

Jesús y la esencia de la Ley

Lee Mateo 19:16 al 22. ¿Qué verdades importantes acerca de la Ley y de lo que implica guardarla podemos derivar de este incidente?

El joven rico no podía entender que la salvación del pecado no proviene de guardar la Ley, incluso si se lo hace estrictamente. La salvación proviene, más bien, del dador de la Ley, el Salvador. Los israelitas habían conocido esta verdad desde el mismo comienzo, pero la habían olvidado. Ahora, Jesús expuso lo que ellos debían haber sabido desde el principio: que la obediencia y la entrega completa a Dios están tan ligadas que la una sin la otra es solo un fingimiento de vida cristiana. “No puede aceptarse algo que sea menos que la obediencia. La entrega del yo es la sustancia de las enseñanzas de Cristo. Con frecuencia es presentada y ordenada en un lenguaje que parece autoritario porque no hay otra manera de salvar al hombre que separándolo de aquellas cosas que, si las conservase, desmoralizarían todo el ser” (DTG 481).

En otro encuentro, los saduceos habían preguntado a Cristo acerca de la resurrección, y la respuesta de Jesús los había asombrado y dejado sin palabras. Por lo tanto, ahora los fariseos se reunieron para hacer un último intento por llevar al Salvador a decir algo que pudiera interpretarse como contrario a la Ley. Eligieron a cierto intérprete de la ley para que interrogara a Jesús respecto de cuál era el Mandamiento más importante (Mat. 22:35-40).
La pregunta del intérprete probablemente surgió del intento de los rabinos de organizar los mandamientos por orden de importancia. Si dos mandamientos parecían estar en conflicto, el que era considerado de mayor importancia tomaba prioridad y dejaba a la persona en libertad para transgredir el que no lo era tanto. Los fariseos exaltaban los primeros cuatro preceptos del Decálogo como más importantes que los últimos seis y, como resultado, erraban cuando se trataba de los asuntos prácticos de la religión.

Jesús respondió magistralmente: debe haber amor en el corazón antes de que alguien pueda comenzar a observar la Ley de Dios. La obediencia sin amor es imposible y carece de valor. Sin embargo, donde hay amor verdadero a Dios, la persona colocará su vida de manera incondicional en armonía con la voluntad de Dios, tal como es expresada en los Diez Mandamientos. Por eso Jesús, más tarde, dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

 

Viernes 5 de septiembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee “La espiritualidad de la ley”,  El discurso maestro de Jesucristo, pp. 43-68 y “El Sermón del Monte” y “Controversias”, El Deseado de todas las gentes, pp. 265-281; pp. 553-561.

“Al hablar de la Ley, dijo Jesús: ‘No he venido para abrogar, sino para cumplir’ [...], es decir, llenar la medida de lo requerido por la Ley, dar un ejemplo de conformidad perfecta con la voluntad de Dios.

“Su misión era ‘magnificar la ley y engrandecerla’ (Isa. 42:21). Debía enseñar la espiritualidad de la Ley, presentar sus principios de vasto alcance y explicar claramente su vigencia perpetua. [...] Jesús, la imagen de la persona del Padre, el esplendor de su gloria; el que fue abnegado Redentor en toda su peregrinación de amor en el mundo, era una representación viva del carácter de la Ley de Dios.  En su vida se manifestó el hecho de que el amor nacido en el cielo, los principios fundamentales de Cristo, sirven de base a las leyes de rectitud eterna” (DMJ 46).

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿De qué maneras podemos caer en la tentación de ser legalistas en nuestra observancia de la Ley, como lo fueron los fariseos? Por otro lado, ¿qué peligro existe cuando suponemos que el amor a Dios nos exime de obedecer su Ley? Haz una lista de formas prácticas en las cuales podríamos evitar caer en una u otra trampa, en nuestros días. Lleva tus ideas para compartirlas con tu clase el sábado.
  2. Como sabemos, el argumento contra la validez continua de los Diez Mandamientos a menudo no es más que un intento de evitar guardar el séptimo día, sábado. Repasa las historias de sanación en sábado registradas en los Evangelios. ¿De qué manera reafirman no solamente la validez continua de la Ley de Dios sino, también, el séptimo día, sábado?
  3. Los teólogos a veces hablan de un “universo moral”. ¿Qué significa eso? ¿De qué maneras nuestro universo es un lugar moral? Si lo es, ¿qué piensas que hace que lo sea? ¿Qué papel tendría la Ley de Dios en un universo moral? ¿Podría el universo ser un lugar moral si Dios no tuviera una Ley moral para regirlo? ¿De qué manera la idea de la Ley de Dios en un universo moral nos ayuda a explicar el intento de Satanás de socavar esa Ley?
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