Lección 8: “De esclavos a herederos” Para el 19 de agosto de 2017

Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2017

“De esclavos a herederos”

Lección 8: – Para el 19 de agosto de 2017

 

Sábado 12 de agosto

Lee Para el Estudio de esta Semana: Gál. 3:26–4:20; Rom. 6:1–11; Heb. 2:14–18; 4:14, 15; Rom. 9:4, 5.

Para Memorizar: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gál. 4:7).

Pablo dice a los gálatas que no debieran vivir y actuar como esclavos, sino como hijos e hijas de Dios, con todos los derechos y privilegios que eso conlleva. Esta verdad la necesitaba escuchar el joven Martín Lutero. Al profundizarse sus convicciones de pecado, Martín buscó obtener perdón y paz por sus propias obras. Vivía una vida de lo más rigurosa, intentando por medio de ayunos, vigilias y azotes someter los males de su naturaleza, males de los cuales la vida monástica no había provisto alivio. Probó todos los sacrificios por los cuales pensaba obtener esa pureza de corazón que lo habilitaría a presentarse ante Dios aprobado. Más tarde, mirando hacia atrás, reconoció que era un monje piadoso que seguía estrictamente las reglas de su orden, pero que aun así no encontraba paz interior. “Si alguna vez un monje se ganó el cielo gracias al monasticismo, ése debería haber sido yo”. Pero, no funcionó para él.

Más tarde, recién cuando comenzó a entender la verdad de la salvación en Cristo, tal como se revela en Gálatas, pudo empezar a tener algún tipo de libertad espiritual y esperanza para su propia alma. Como resultado, también, nuestro mundo nunca ha sido el mismo.

 

Domingo 13 de agosto:

Nuestra condición en Cristo

Teniendo en mente Gálatas 3:25, lee Gálatas 3:26. ¿Cómo nos ayuda este texto a entender cuál es nuestra relación con la ley, ahora que hemos sido redimidos por Jesús?

La palabra pues, al principio del versículo 26, indica que Pablo ve una conexión directa entre este versículo y el anterior. Del mismo modo en el que el hijo de un amo estaba bajo la tutela de un pedagogo solamente mientras fuera menor, Pablo está diciendo que aquellos que vienen a Cristo por la fe ya no son menores; su relación con la ley ha cambiado porque ahora son hijos “adultos” de Dios.

El término hijos no es, por supuesto, exclusivo para varones; pablo claramente incluye a las mujeres en esta categoría (Gál. 3:28). La razón por la que usa el término hijos, en masculino, es porque tenía en mente la herencia familiar que era pasado al descendiente varón, junto con el hecho de que la frase “hijos de Dios” era la designación especial de Israel en el Antiguo Testamento (Deut. 14:1; Ose. 11:1). En Cristo, los gentiles ahora también disfrutan de la relación especial con Dios que había sido exclusiva de Israel.

¿Qué tiene el bautismo que lo hace un evento tan significativo? Gál. 3:27, 28; Rom. 6:1-11; 1 Ped. 3:21.

El uso que hace Pablo de la palabra porque en el versículo 27 indica, una vez más, el desarrollo lógico cercano de su razonamiento. Pablo ve el bautismo como una decisión radical para unir nuestras vidas con Cristo. En Romanos 6, describe el bautismo simbólicamente como una unión con Jesús, tanto en su muerte como en su resurrección. En Gálatas, Pablo utiliza una metáfora diferente: el bautismo es el acto de estar revestidos de Cristo. La terminología de Pablo nos recuerda pasajes maravillosos en el Antiguo Testamento que hablan acerca de estar revestidos de justicia y salvación (ver Isa. 61:10; Job 29:14). “Pablo ve el bautismo como el momento en el que Cristo, como un manto, envuelve al creyente. Aunque no emplea ese término, Pablo está describiendo la justicia que es conferida sobre los creyentes”.‒ Frank J. Matera, Galatians, p. 145.

Nuestra unión con Cristo simbolizada por medio del bautismo significa que lo que es cierto de Cristo también lo es de nosotros. Dado que Cristo es el “linaje” de Abraham, como “coherederos con Cristo” (Rom. 8:17), los creyentes también son herederos de todas las promesas del pacto realizadas a Abraham y sus descendientes.

Piensa en que lo que es cierto sobre Cristo también lo es de nosotros. ¿De qué manera esta maravillosa verdad debería afectar cada aspecto de nuestra existencia?

 

Lunes 14 de agosto:

Esclavizados a los rudimentos del mundo

Habiendo comparado nuestra relación con Dios con la de hijos y herederos, Pablo ahora se explaya en esta metáfora al incluir el tema de la herencia, en Gálatas 4:1 al 3. La terminología de Pablo evoca una situación en la que el dueño de una gran hacienda ha muerto, dejando toda su propiedad a su hijo mayor. Su hijo, sin embargo, aún es menor. Como suele suceder con los testamentos aun hoy, el testamento del padre estipula que su hijo ha de estar bajo la supervisión de tutores y curadores hasta que alcance la madurez. Aunque legalmente es el dueño de la hacienda de su padre, siendo menor es en la práctica poco más que un esclavo.

La analogía de Pablo es similar a la del pedagogo en Gálatas 3:24, pero en este caso el poder de los mayordomos y administradores es muy superior y mucho más importante. Son responsables no solamente de la crianza del hijo del amo, sino que también están a cargo de todos los asuntos financieros y administrativos hasta que el hijo sea lo suficientemente maduro como para asumir esas responsabilidades por sí mismo.

Lee Gálatas 4:1 al 3. ¿Qué está diciendo Pablo aquí que, una vez más, debiera ayudar a clarificar cuál debería ser el papel de la ley en nuestras vidas, ahora que estamos en Cristo?

Aun se discute exactamente qué quiso decir Pablo con la frase “los rudimentos del mundo” (Gál. 4:3, 9). La palabra griega stoijeia significa literalmente “elementos”. Algunos la han considerado como una descripción de los elementos básicos que componen el universo (2 Ped. 3:10, 12); o como poderes demoníacos que controlan este siglo malvado (Col. 2:15); o como los principios rudimentarios de la vida religiosa, el “ABC” de la religión (Heb. 5:12). El énfasis de Pablo en el estatus de “menoría de edad” de la humanidad, antes de la venida de Cristo (Gál. 4:1-3), sugiere que se está refiriendo aquí a los principios rudimentarios de la vida religiosa. De ser así, Pablo está diciendo que el periodo del Antiguo Testamento, con sus leyes y sacrificios, era meramente un evangelio elemental que esbozaba las bases de la salvación. Así, por importantes e instructivas que fueron las leyes ceremoniales para Israel, solamente eran una sombra de lo que habría de venir. Nunca tuvieron la intención de ocupar el lugar de Cristo.

Regular nuestra vida en torno a estas normas en vez de Cristo es como querer regresar en el tiempo. Para los gálatas, regresar a esos elementos básicas después de que Cristo ya había venido era como si el hijo adulto, en la analogía de Pablo, ¡quisiera volver a ser menor!

Aunque tener fe como la de un niño puede ser positivo (Mat. 18:3), ¿es eso lo mismo que la madurez espiritual? ¿O se podría argumentar que cuanto más crezcas espiritualmente, tu fe será más como la de un niño? ¿Cuánto se asemeja tu fe a la de un niño, en inocencia y confianza?

 

Martes 15 de agosto:

Dios envió a su hijo

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gál. 4:4).

El uso que hace Pablo de la palabra “cumplimiento” indica el papel activo de Dios en llevar a cabo su propósito en la historia humana. Jesús no vino simplemente en cualquier momento; vino en el momento preciso que Dios había preparado. Desde una persepctiva histórica, esa época llegó a ser conocida como la Pax Romana (la Paz Romana), un periodo de doscientos años de relativa estabilidad y paz en todo el Imperio Romano. La conquista del mundo mediterráneo por parte de Roma trajo paz, un idioma común, medios favorables para viajar, y una cultura común que facilitaría el esparcimiento rápido del evangelio. Desde una perspectiva bíblica, también marcó el momento en el que Dios había fijado la venida del Mesías prometido (ver Dan. 9:24-27).

¿Por qué tuvo que tomar Cristo nuestra humanidad a fin de redimirnos? Juan 1:14; Gál. 4:4, 5; Rom. 8:3, 4; 2 Cor. 5:21; Fil. 2:5-8; Heb. 2:14-18; 4:14, 15.

Gálatas 4:4, 5 contiene uno de los informes más sucintos del evangelio en las Escrituras. La venida de Jesús a la historia humana no fue un accidente. “Dios envió a su Hijo”. En otras palabras, Dios tomó la iniciativa en nuestra salvación.

También implícito en estas palabras se encuentra la creencia fundamental cristiana en la deidad eterna de Cristo (Juan 1:1-3, 18; Fil. 2:5-9; Col. 1:15-17). Dios no envió un mensajero celestial. Él mismo vino.

Aunque era el Hijo divino preexistente de Dios, Jesús también fue “nacido de mujer”. Aunque el nacimiento virginal está implícito en esta frase, afirma de manera más específica su genuina humanidad.

La frase “nacido bajo la ley” señala no solamente al legado judío de Jesús, sino que también incluye el hecho de que cargó con nuestra condenación.

Era necesario que Cristo tomara nuestra humanidad porque con nuestra naturaleza humana caída, Cristo calificaba legalmente para ser nuestro Sustituto, Salvador y Sumo Sacerdote. Como el segundo Adán, vino a reclamar todo lo que el primer Adán había perdido por su desobediencia (Rom. 5:12-21). Por su obediencia cumplió perfectamente las demandas de la ley, y así redimió el trágico fracaso de Adán. Y por su muerte en la cruz, cumplió con la justicia de la ley, que requería la muerte del pecador, y así obtuvo el derecho de redimir a todos los que se acercan a él en verdadera fe y entrega.

 

Miércoles 16 de agosto:

Los privilegios de la adopción

En Gálatas 4:5-7, Pablo expande sobre su temática central, enfatizando que Cristo vino “para que redimiese a los que estaban bajo la ley” (vers. 4, 5). La palabra redimir significa “comprar otra vez”. Se refería al precio que se pagaba para comprar la libertad de un rehén o esclavo. Como lo indica el contexto, la redención implica un contexto negativo: una persona está en necesidad de ser liberada.

Pero, ¿de qué necesitamos liberación? El Nuevo Testamento presenta cuatro cosas, entre otras: (1) libertad del diablo y sus engaños (Heb. 2:14, 15), (2) libertad de la muerte (1 Cor. 15:56, 57), (3) libertad del poder del pecado que nos esclaviza por naturaleza (Rom. 6:22), y (4) libertad de la condenación de la ley (Rom. 3:19-24; Gál. 3:13; 4:5).

¿Qué propósito positivo ha logrado Cristo por nosotros, por medio de la redención que tenemos en él? Gál. 4:5-7; Efe. 1:5; Rom. 8:15, 16, 23; 9:4, 5.

A menudo nos referimos a lo que Cristo ha logrado por nosotros como “salvación”. Aunque es cierto, esta palabra no es tan vívida y descriptiva como el uso distintivo que hace Pablo de la palabra adopción (huiothesia). Aunque Pablo es el único autor del Nuevo Testamento que usa esta palabra, la adopción era un procedimiento legal bien conocido en el mundo grecorromano. Varios emperadores romanos, durante la época de Pablo, utilizaron la adopción como medio para elegir a un sucesor cuando no tenían heredero legal. La adopción garantizaba varios privilegios: “(1) El hijo adoptado se convierte en el hijo verdadero […] de quien lo adopta. […] (2) El adoptante acepta criar al hijo apropiadamente y proveer para sus necesidades de alimento y abrigo. (3) El adoptante no puede repudiar a su hijo adoptado. (4) El hijo no puede ser reducido a la esclavitud. (5) Los padres naturales del hijo no tienen derecho a reclamarlo. (6) La adopción establece el derecho a la herencia”.—Derek R. Moore-Crispin, “Galatians 4:1–9: The Use and Abuse of Parallels”, The Evangelical Quarterly, vol. 61, núm. 3 (1989), p. 216.

Si estos derechos son garantizados a un nivel terrenal, ¡imagina cuánto mayores son los privilegios que tenemos como hijos adoptados de Dios!

Lee Gálatas 4:6, considerando que la palabra hebrea Abba era la palabra íntima que los hijos utilizaban para dirigirse a su padre, como la palabra “Papi” o “Papito” hoy. Jesús la usó en oración (Mar. 14:36), y como hijos de Dios también tenemos el privilegio de llamar a Dios “Abba”. ¿Disfrutas de esa clase de cercanía íntima con Dios en tu propia vida? Si no es así, ¿cuál es el problema? ¿Qué puedes cambiar para llegar a tener esa cercanía?

 

Jueves 17 de agosto:

¿Por qué volver a la esclavitud?

Lee Gálatas 4:8 al 20. Resume en las líneas que siguen lo que Pablo está diciendo aquí. ¿Cuán seriamente considera las falsas enseñanzas entre los gálatas?

Pablo no describe la naturaleza exacta de las prácticas religiosas de los gálatas, pero claramente tiene en mente un sistema falso de adoración que llevó a una esclavitud espiritual. De hecho, lo considera tan peligroso y destructivo que escribió esta carta tan apasionada, advirtiendo a los gálatas que lo que estaban haciendo era como renunciar a la condición de hijos y hacerse esclavos.

Aunque no menciona detalles, ¿qué dice Pablo que estaban haciendo los gálatas, que le resultaba tan objetable? Gál. 4:9-11.

Muchos han interpretado la referencia de Pablo a “los días, los meses, los tiempos y los años” (Gál. 4:10) como una objeción no solamente contra las leyes ceremoniales, sino también contra el sábado. Esta interpretación, sin embargo, va más allá de la evidencia. En primer lugar, si Pablo realmente deseaba desestimar el sábado y otras prácticas judías específicas, resulta claro por Colosenses 2:16 que fácilmente las podría haber identificado por nombre. En segundo lugar, Pablo deja en claro que, sea lo que fuere que estaban haciendo los gálatas, los ha alejado de la libertad en Cristo y hacia la esclavitud. “Si la observancia del sábado semanal somete a esclavitud a un ser humano, entonces el mismo Creador se sometió a esa esclavitud cuando observó el primer sábado que hubo en el mundo” (CBA 6:966). Además, ¿por qué habría no solamente guardado Jesús el sábado, sino también enseñado a otros a guardarlo, si su observancia adecuada estuviera privando de alguna manera a las personas de la libertad que tienen en él? (Ver Mar. 2:27, 28; Luc. 13:10-16).

¿Puede haber algunas prácticas, en el adventismo del séptimo día que nos estén quitando la libertad que tenemos en Cristo? O en vez de que las prácticas mismas sean problemáticas, ¿qué hay de nuestras actitudes hacia esas prácticas? ¿De qué manera una actitud incorrecta puede llevarnos a la clase de esclavitud de la que advirtió Pablo a los gálatas con tanta vehemencia?

 

Viernes 18 de agosto

Para Estudiar y Meditar:

“En el concilio del cielo se hizo provisión para que los hombres, aunque fueran transgresores, no perecieran en su desobediencia, sino que, mediante la fe en Cristo como su sustituto y garantía, pudieran llegar a ser los elegidos de Dios. … Dios quiere que todos los hombres se salven, porque se ha hecho una amplia provisión para pagar el rescate del hombre, mediante su Hijo unigénito. Aquellos que perezcan, perecerán porque rehusarán ser adoptados como hijos de Dios a través de Jesucristo. El orgullo del hombre le impide que acepte la provisión para la salvación. Pero el mérito humano no bastará para admitir un hombre a la presencia de Dios. Lo que hace aceptable a un hombre delante de Dios, es la gracia impartida de Cristo, a través de la fe en su nombre. No se puede colocar ninguna confianza en las obras, ni en los felices vuelos de los sentimientos, como evidencia de que los hombres han sido elegidos por Dios, porque los elegidos lo son a través de Cristo” (NEV 80).

Preguntas para Dialogar:

  1. Piensa más en la idea de lo que significa, y lo que no significa, ser como niños en nuestro caminar con el Señor. ¿Qué aspectos de los niños hemos de imitar con respecto a nuestra fe y nuestra relación con Dios? Al mismo tiempo, ¿de qué maneras podríamos estar llevando esta idea demasiado lejos? Comenta.
  2. ¿Qué tienen los seres humanos que los hace tan temerosos de la idea de la gracia, la salvación por la fe sola? ¿Por qué será que muchas personas preferirían intentar lograr la salvación por sus propios medios, si fuera posible?
  3. Como clase, repasen la pregunta final del estudio del día jueves. ¿De qué maneras podemos, como adventistas del séptimo día, quedar atrapados por algún tipo de esclavitud de la que, idealmente hayamos sido liberados? ¿Cómo podría ocurrirnos esto, cómo nos daríamos cuenta, y cómo podríamos ser liberados?

Resumen: En Cristo hemos sido adoptados a la familia de Dios como sus hijos e hijas. Como hijos de Dios, tenemos acceso a todos los derechos y privilegios que una relación de familia como esa conlleva. Relacionarnos con Dios sobre la base únicamente de reglas y normas sería necio. Sería como un hijo que desea renunciar a su posición y herencia a fin de convertirse en esclavo.

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