Leccion 05 Tercer Trimestre 2011

Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2011

Lección 5:    Para el 30 de julio de 2011


Bienaventurado eres, ¡oh, Israel!

 

Sábado 23 de julio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Levítico 9; 10:1-11; Deuteronomio 33:26-29; 1 Samuel 1; 15:22, 23; Apocalipsis 20:9.

Para Memorizar: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos” (Isa. 5:20, 21).

LAS CULTURAS QUE SE CENTRAN en la individualidad olvidan fácilmente cuál es el objeto de toda adoración: la acción de Dios en la historia. La adoración auténtica debe ser la respuesta del cristiano a los poderosos actos de Dios, tanto en la creación como en la redención (el motivo del mensaje del primer ángel). La verdadera adoración es nuestra respuesta al amor de Dios y no solo impacta lo que hacemos el sábado en la iglesia, sino también debe saturar todas las áreas de nuestra vida.

En nuestro deseo de ser relevantes, es fácil cambiar el foco de la adoración y dirigirlo a nosotros, a nuestras necesidades y deseos. Y, aunque la adoración debe darnos satisfacción personal, el peligro está en cómo buscamos experimentarla. Encontramos verdadera satisfacción solamente en Dios, quien nos creó y nos redimió.

Esta semana consideraremos lecciones acerca de la verdadera adoración que aprendemos de la historia de Israel, tanto de las cosas buenas que les sucedieron, como de las malas.

 

Domingo 24 de julio:

La dedicación

Siete días de consagración habían transcurrido (ver Lev. 8). El octavo día los sacerdotes iniciaron su sagrado ministerio en el Santuario. Estaban comenzando una obra que continuaría (con interrupciones) durante más mil cuatrocientos años, que prefiguraba la obra de Cristo en el Santuario celestial, el verdadero santuario donde Cristo ministra en nuestro favor.

Lee Levítico 9. ¿Qué elementos aparecen aquí que nos enseñan algo acerca de la adoración? ¿Qué verdades se enseñan en los diversos ritos, que nos ayudan a comprender la obra de Dios en favor de la humanidad y por qué adoramos a Dios? ¿Qué nos enseña la obra de la “expiación” acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros, y por qué lo adoramos?

Los versículos 22 al 24 son especialmente fascinantes. Es difícil imaginar lo que debió de haber pasado por las mentes y los corazones de Moisés y Aarón al entrar en el Santuario y cuando salieron de él, solo para ver que la “gloria de Jehová” aparecía delante de todo el pueblo. El texto no lo dice, pero había mucha gente del pueblo en el campamento, y para ellos debió de haber sido algo espectacular. La gloria se manifestó después: “Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros” (Lev. 9:24).

El Tabernáculo había sido dedicado; y los sacerdotes, consagrados. Apareció fuego santo como señal de que el sacrificio había sido aceptado. El pueblo respondió con un grito de alabanza, y cayeron sobre su rostro en humildad ante la presencia santa de Dios. Aquí vemos reverencia, temor y obediencia intensos; ellos siguieron cada detalle de los mandatos de Dios, y Dios mostró su aceptación de lo que habían hecho.

Nota la reacción de ellos: gritaron y también cayeron sobre sus rostros. Todo el culto fue intenso, y la reacción fue de reverencia, gozo y temor: todo al mismo tiempo. ¿Cómo podemos aprender a manifestar esta clase de reverencia y gozo en nuestros propios cultos de adoración?

 

Lunes 25 de julio:

Fuego de delante de Dios

“Ayudado por sus hijos, Aarón ofreció los sacrificios que Dios estipulaba, y alzó sus manos y bendijo al pueblo. Todo se había hecho conforme a las instrucciones de Dios, y el Señor aceptó el sacrificio y reveló su gloria de una manera extraordinaria: descendió fuego de Dios y consumió la víctima que estaba sobre el altar. El pueblo vio estas maravillosas manifestaciones del poder divino, con reverencia y sumo interés. Las tuvo por señal de la gloria y el favor de Dios, y todos a una elevaron sus voces en alabanza y adoración, y se postraron como si estuviesen en la inmediata presencia de Jehová” (PP 373).

Es difícil creer que después de algo tan dramático seguiría una caída terrible. Pensaríamos que, con esa demostración del poder de Dios, todo el pueblo, particularmente los sacerdotes tan altamente honrados, habrían seguido estrictamente la línea marcada. ¡Cuán necios somos al estimar en menos la corrupción del corazón humano, especialmente del nuestro!

Lee la historia de Nadab y Abiú en Levítico 10:1 al 11. ¿Quiénes eran? ¿Cuál fue su pecado? (Compara con Éxo. 30:9; Lev. 16:12; 10:9). Después de lo que acababa de suceder, ¿qué importancia se encuentra en cómo murieron? ¿Qué lección evangélica podemos aprender de esta trágica historia?

Las palabras hebreas tanto en Levítico 9:24 como 10:2 son las mismas: “Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió…” (9:24). ¿Consumió qué? En el primer caso, la ofrenda; en el otro, a los pecadores. ¡Qué representación poderosa del plan de salvación! En la cruz, el “fuego de Jehová”, la ira de Dios, “consumió” la ofrenda, que era Jesús. Por eso, todos los que ponen su fe en él nunca tendrán que afrontar ese fuego, esa ira, porque un sustituto lo hizo por ellos. Sin embargo, quienes rechazan los caminos de Dios y siguen los propios, como estos sacerdotes, tendrán que afrontar el fuego ellos mismos (Apoc. 20:9). La misma gloria que se reveló en la cruz será la gloria que, al final, destruirá el pecado. ¡Qué elección aguda y sin ambigüedades está ante nosotros!

En cierto sentido, el fuego es fuego. ¿Cuál es la diferencia? En este caso, fue un fuego grande. Piensa no solo en cómo adoras, sino también en tu vida en general. ¿Qué “fuego extraño” necesitar apagar en tu vida?

 

Martes 26 de julio:

Bienaventurado tú, oh, Israel

Imagínate la escena: el fiel siervo Moisés, reprendido por Dios por su manifestación de ira, está delante de la nación de Israel (Núm. 20:8-12).

Más tarde, Moisés sabe que pronto ha de morir. Cuán fácil podría haber sentido autocompasión y frustración. Sin embargo, aun entonces sus pensamientos fueron dirigidos hacia su pueblo y el futuro que debían afrontar. Ante el pueblo como su líder, por última vez, Moisés, bajo la inspiración del Espíritu Santo, pronunció una bendición sobre cada tribu.

Lee Deuteronomio 33:26 al 29. ¿Qué está diciendo Moisés aquí que puede ayudarnos a comprender mejor lo que significa adorar a Dios? ¿Qué verdades y principios podemos aplicar al procurar aprender más acerca de qué es la verdadera adoración?

La palabra Jesurún es un término poético para Israel (ver Deut. 33:5, 26). Proviene de una raíz (yashar) que significa “recto” o “derecho”, no meramente en lo físico, sino también moralmente. Job fue descrito (Job 1:1) como “perfecto y recto” (de yashar) (ver también Sal. 32:11; 91:11; Prov. 15:8). Por eso, Moisés está hablando acerca de cómo debería ser el pueblo de Dios idealmente, los que han entrado en una relación de pacto con él.

Como siempre, el foco principal aquí está en los actos de Dios en favor de su pueblo. Todas las cosas que le sucederían a Israel –victoria sobre los enemigos, seguridad, salvación, el fruto de la tierra– les acontecerían por causa de lo que Dios había hecho por ellos. Cuán importante es que nunca olvidemos estas verdades importantes. Entre las muchas cosas que la adoración puede hacer por nosotros es ser un continuo recordativo de lo que “el Dios de Jesurún” hace por nosotros. La alabanza y la adoración –ya sea verbal o expresada con pensamientos del corazón y de la mente– pueden hacer mucho para ayudarnos a mantenernos centrados en Dios, y no en nosotros mismos y en nuestros problemas.

Piensa en todo lo que tienes para alabar y adorar a Dios. ¿Por qué es importante recordar en todo momento todas estas bendiciones, todo lo que Dios ha hecho por ti? De otro modo, ¡cuán fácil es caer en el desánimo!

 

Miércoles 27 de julio:

Una actitud de entrega

La adoración es un tema serio en la Biblia. No es asunto de gusto personal, ni es hacer lo que a uno le agrada o seguir las inclinaciones propias. Siempre existe el peligro de caer en rituales muertos y tradiciones que han llegado a ser fines en sí mismos en lugar de ser medios para un fin. Y ese fin es la verdadera adoración a Dios en una forma que cambie nuestras vidas, y nos lleve a la conformidad con su voluntad y su carácter (Gál. 4:19). Por eso, debemos ser cuidadosos de no permitir que la exaltación propia, la gratificación pecaminosa y un deseo de gloria personal nos dicten cómo adoraremos.

Avancemos muchos años en la historia de Israel y leamos una historia sencilla que puede ayudar a revelarnos cómo la verdadera adoración puede ser expresada en el corazón de un alma penitente.

Lee 1 Samuel 1, la historia de Ana. ¿Qué podemos obtener de su experiencia que nos ayude a comprender el significado de la adoración, y cómo hemos de adorar a Dios?

Aunque tenemos que recordar que Dios debe ser el centro de nuestra adoración, no adoramos a Dios en un vacío. No estamos adorando a un ser distante, lejano, abstracto; estamos adorando al Dios que nos creó y redimió, y que se relaciona con los asuntos humanos. Estamos adorando a un Dios personal, que interviene en nuestras vidas en las formas más íntimas, formas que nos ayudan en nuestras necesidades más profundas, si se lo permitimos.

Ana adoró a Dios desde los lugares más recónditos de su alma. En un sentido, todos somos como Ana. Todos tenemos grandes y profundas necesidades que, por nosotros mismos, no podemos atender. Ana fue ante Dios con una actitud de completa entrega propia. (Después de todo, ¿cuánta más entrega propia puede haber si uno está dispuesto a renunciar a su hijo?) Podemos, y debemos, ir ante Dios con nuestras necesidades; pero siempre debemos subordinar esas necesidades a la voluntad de Dios para nuestras vidas. La verdadera adoración debe fluir de un corazón totalmente quebrantado, consciente de su propia impotencia y dependencia de Dios.

¿Qué partes de tu vida están quebrantadas? ¿Cómo puedes aprender a dárselas a Dios?

 

Jueves 28 de julio:

Adoración y obediencia

“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Sam. 15:22, 23).

¿Qué principio vital puedes obtener de este pasaje con respecto a lo que constituye la verdadera adoración? ¿Cómo podemos asegurarnos de que no somos culpables de hacer exactamente lo que señalan estos versículos?

Estos versículos aparecen en el contexto de la caída y la apostasía de Saúl, el primer rey. Él debía atacar y destruir totalmente (la palabra hebrea sugiere “dedicarlos a la destrucción”) a cada persona y a cada animal. Dios tenía planes de usar a Israel para traer juicios sobre esta nación malvada, los amalecitas, que por misericordia él había demorado unos tres siglos. A pesar de la instrucción explícita acerca de lo que debía hacer, Saúl abiertamente desobedeció (1 Sam. 15:1-21), y ahora iba a cosechar las consecuencias de sus acciones. La respuesta de Samuel a Saúl, en los versículos 22 y 23, nos ayuda a comprender mejor de qué trata la adoración verdadera.

  1. Dios prefiere tener nuestros corazones más que nuestras ofrendas. (Si él tiene realmente nuestros corazones, las ofrendas seguirán solas.)

  2. La obediencia es más aceptable para él que los sacrificios. (La obediencia es nuestra manera de mostrar que hemos entendido de qué tratan realmente los sacrificios.)

  3. La obstinación, el insistir en nuestros caminos, es idolatría, porque hemos hecho un dios de nosotros mismos, de nuestros deseos y de nuestras opiniones.

Permite que el Espíritu Santo hable a tu corazón mientras te preguntas lo siguiente: ¿En qué áreas de mi vida puedo estar eligiendo seguir mis propios deseos u opiniones en vez de permitir que Dios me conduzca? ¿Qué lecciones deja el ejemplo de Saúl en su fatal presunción? ¿Cómo puedo aplicarlas en mi experiencia de adoración?

 

Viernes 29 de julio

Para Estudiar y Meditar:

Lee “El pecado de Nadab y Abiú” y “La presunción de Saúl”, Patriarcas y profetas, pp. 373-377; 559-678.

“Dios ha pronunciado una maldición sobre los que se alejan de sus mandamientos, y no establecen diferencia entre las cosas comunes y las santas” (PP 375).

“Su [de Saúl] presunción fatal debe atribuirse al hechizo satánico. Saúl había demostrado gran celo en el exterminio de la idolatría y de la hechicería; no obstante, en su desobediencia al mandamiento divino, había sido instigado por el mismo espíritu de oposición a Dios que animaba a los que practicaban la hechicería, y había sido tan realmente inspirado por Satanás como ellos; y, cuando fue reprendido por ello, sumó la obstinación a la rebelión. No podría haber hecho mayor insulto al Espíritu Dios si se hubiera unido abiertamente con los idólatras” (PP 689).

Preguntas Para Dialogar:

  1. ¿Por qué es tan importante, al adorar, mantener realmente a Cristo como el centro? Aunque sea sutilmente, ¿qué otras cosas pueden atacarnos y quitar de nuestro foco a Dios al adorarlo? ¿De qué maneras podríamos estar en peligro de usar a Dios, o el nombre de Dios en alabanza y canto, como una mera cobertura para la adoración de otra cosa?

  2. ¿Cuáles son algunas maneras en que podemos ser hipócritas en la adoración? Es decir, ¿qué dice acerca de nosotros si, cuando estamos fuera del edificio de la iglesia actuamos de una manera y luego, dentro de ella, estamos llenos de alabanza y adoración? Aunque ninguno de nosotros es perfecto, la clase de adoración que practicamos ¿no debiera estar conectada con las vidas de aquellos a quienes guiamos? Tristemente, algunas personas van a la iglesia, “adoran”, y luego van a casa y abusan de su cónyuge y de sus hijos, o tienen otras conductas malas. ¿De qué modo tales prácticas son una burla a nuestra adoración?

  3. Repasa el versículo para memorizar de esta semana y aplícalo en el contexto de la adoración. ¿Cómo podemos estar seguros de que no estamos haciendo exactamente aquello contra lo cual se nos advierte?

  4. ¿Cómo puedes aprender mejor el “arte” de la adoración, el “arte” de la entrega propia a Dios? ¿Cómo puedes aprender a estar más cerca de Dios en tu propio tiempo privado de adoración?

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