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Leccion 04 – Cuarto Trimestre 2012

La salvación: La única solución

 

Sábado 20 de octubre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Juan 2:25; Jeremías 17:9; Tito 1:1, 2; Romanos 3:19-24; Hechos 2:37; Lucas 7:47; Efesios 2:1-5.

Para Memorizar:
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna» (Juan 3:16).

Pensamiento clave: El problema del pecado es muy grande: cuán agradecidos debemos estar de que la solución fue suficientemente grande como para resolverlo.

EL «PROBLEMA DEL PECADO» se refiere a la crisis causada por la caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén, que trajo a la Tierra la gran controversia entre el bien y el mal. La parte de Dios en el conflicto ha sido detener y, al final, eliminar los efectos mortíferos del pecado en la Tierra y en la creación como un todo. La acción de Dios de rescatar la creación de los resultados del pecado constituye la doctrina de la salvación. Y, aunque esa batalla se desarrolló aquí en la Tierra, los problemas de la gran controversia son, literalmente, universales.

La doctrina de la salvación trata acerca de Dios y su obra de salvarnos. Pero la humanidad también tiene un rol importante. Sí, nuestra parte vital consiste en contestar a esta pregunta: ¿Cuál será nuestra respuesta a esa provisión? De esa respuesta depende el destino eterno de nuestras almas.

 

Domingo 21 de octubre:

El alcance del problema

Siendo que la salvación es la solución de Dios al problema creado por el pecado, la extensión del daño hecho por el pecado determina el alcance de la solución. No sería una solución si no fuera capaz de resolver el problema, no importa cuál sea su tamaño.

¿Qué revelan los siguientes textos acerca del alcance del problema del pecado? ¿Cómo lo experimentaste tú mismo, o ves a tu alrededor la realidad de estos textos? Juan 2:25; Sal. 59:2; Jer. 17:9; Rom. 5:12; Sant. 5:1-7; Isa. 5:23; 2 Tes. 2:10.

¿Quién de nosotros no ha conocido profunda, dolorosa y personalmente cuán malo es el problema del pecado? Vivimos cada momento de nuestras vidas con la realidad del pecado y sus efectos. Cada aspecto de la existencia humana en este planeta, hasta cierto grado, está dominado por la realidad del pecado. Desde la política hasta los rincones más interiores del corazón humano, el pecado ha infectado la raza. Es tan malo que, sin una solución divina, no habría solución. ¡Cuán agradecidos deberíamos estar de que la solución se ha dado! Se llama «el plan de salvación», y su propósito es el de resolver el problema del pecado.

 

Lunes 22 de octubre:

La provisión divina, parte 1

Los efectos del pecado fueron inmediatos, y requirieron atención inmediata. Por lo tanto, fue necesario algún tipo de provisión para cuando el pecado apareciera. Elena de White lo expresó claramente: «Tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador. Cristo sabía que habría de sufrir, y sin embargo se convirtió en el Sustituto del hombre. Tan pronto como pecó Adán, el Hijo de Dios se presentó como el garante de la raza humana, con tanto poder para impedir la condenación pronunciada sobre los culpables corno cuando murió en la cruz del Calvario». Comentarios de Elena G. de White (CBA 1:1.098, 1.099).

¿Qué nos dicen estos textos acerca del plan de salvación y cuándo fue establecido? ¿Qué esperanza y promesa podemos encontrar en ellos? Tito 1:1, 2; Efe. 1:3-5; 2 Tes. 2:13, 14; Apoc. 13:8.

¿Qué están indicando estos textos? Básicamente, desde la eternidad, Dios había hecho provisión para el problema del pecado. Aunque Dios no ordenó la existencia del pecado (si lo hubiese hecho, él sería el responsable, una idea horrible y blasfema), él sabía que aparecería, de modo que ya en la eternidad hizo provisión para afrontarlo.

Esta es la predestinación bíblica, muy diferente de la «predestinación» como se la entiende comúnmente. Era el plan de Dios, desde la eternidad, que todos los seres humanos tuvieran salvación en Jesús. El hecho de que algunos rechacen esta salvación no la anula; solo aumenta la tragedia de lo que significa estar perdido frente a lo que se ha hecho por nosotros.

Medita en la gran verdad de que, desde la eternidad, el plan de Dios era que tú, personalmente, tuvieras salvación. Piensa en lo que esto significa. ¿De qué modo esta verdad impacta tu vida?

 

Martes 23 de octubre:

La provisión de Dios, parte 2

A lo largo de toda la historia de la salvación, comenzando con la primera promesa evangélica (Gén. 3:15), pasando por el primer sistema de sacrificios (Gén. 4:4), el pacto con Abram (Gén. 12:1-3), y luego el servicio del Santuario israelita (Éxo. 25:8), todo señalaba y culminaba en la vida, muerte, resurrección y ministerio celestial de Jesucristo, la provisión máxima de Dios para resolver el problema del pecado.

Tal vez podamos comprender mejor la seriedad del problema del pecado solo cuando captamos lo que se requirió -la cruz- para que quedara resuelto. La cruz sola demuestra la total imposibilidad de que la humanidad resolviera el problema del pecado por sí misma. Una situación extrema requirió una solución extrema, y la muerte de Cristo, Dios llevando en sí mismo nuestros pecados, es una medida tan extrema como podamos imaginar.

La muerte de Cristo como sacrificio se presenta en la Escritura como una expiación por el pecado, es decir, el medio por el cual se trata definitivamente el problema del pecado en todas sus manifestaciones. ¿De qué modo la muerte de Cristo provee la salvación del hombre? Explora esta pregunta desde las siguientes perspectivas:

  1. Justificación / Reconciliación (estar bien con Dios): ver Luc. 18:9-14; Isa. 53:4-7; Rom. 3:19-24, 28; Zac. 3:1-4

  2. Santificación / Regeneración (vivir bien ante Dios): ver 1 Cor. 6:8-11; Rom. 6:1-8

  3. Glorificación (seguridad de la resurrección a vida eterna): ver Juan 5:24, 25; 1 Juan 5:9-13; 1 Tes. 4:16, 17

Medita en el hecho de que el pecado es tan malo que demandó la cruz para salvarnos de los resultados finales, la muerte eterna. ¿Cómo puede ayudarnos a no pecar el mantener la cruz siempre ante nosotros?

 

Miércoles 24 de octubre:

La experiencia de la salvación, parte 1

El pecador es justificado y reconciliado por el sacrificio expiatorio de Cristo por todos (Rom. 5:6-10). La provisión que Dios hizo para la justificación y la reconciliación de la humanidad consigo mismo por la muerte de Cristo necesita ser llevada a la experiencia del creyente. No es suficiente tener un conocimiento teórico de la justificación. Necesitamos experimentar lo que ello significa.

Hechos 2:36 al 38 y Hechos 3:19 señalan el arrepentimiento como el comienzo de la experiencia de salvación del pecador. ¿De qué modo la naturaleza del arrepentimiento, como un sentido de remordimiento, nos ayuda a conectar la experiencia de la justificación con la muerte de Cristo?

Piensa en esto: «Nada puede conmover las profundidades del alma al punto que puede lograrlo la comprensión del amor perdonador de Cristo. Cuando los pecadores contemplan este amor divino insondable, el cual se exhibió en la cruz, reciben la más poderosa motivación para el arrepentimiento que existe. Esta es la bondad de Dios que nos guía al arrepentimiento (Rom. 2:4)». -Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, p. 139.

Lee Romanos 3:23 al 25 y Efesios 2:8. ¿Qué lugar tiene la fe en la experiencia de la justificación?

La Biblia dice que la fe viene por el oír; y el oír, por la Palabra de Dios (Rom. 10:17). El contemplar el amor de Cristo motiva a la persona a arrepentirse. El estudio y la contemplación de la Palabra de Dios son de gran importancia en la experiencia de la justificación.

La bondad de Dios nos guía al arrepentimiento y la justificación. Así, si yo me arrepiento del pecado y experimento la justificación, Dios es el que recibe el crédito. La salvación es realmente un don gratuito de Dios porque, en realidad, es por gracia por medio de la fe que somos salvos (Efe. 2:8).

¿Cuáles son algunas formas prácticas en las que puedes inundar tu corazón y tu mente con la bondad de Dios, al pensar en lo que él ha hecho por ti y de lo que te ha librado?

 

Jueves 25 de octubre:

La experiencia de la salvación, parte 2

La experiencia de la justificación pone realidades espirituales dentro de la vida del creyente, que inicia cambios en la vida de la persona. En la justificación, el pecador es perdonado (Luc. 7:47; Efe. 1:7; Rom. 4:7), liberado de las acusaciones de pecado y reconocido como justo (Rom. 5:16, 18; 8:1), y recibe el don de una vida nueva (Efe. 2:1-5; 2 Cor. 5:17).

En esta experiencia nueva, no importa nuestro pasado ni nuestros pecados, no importa cuántas faltas y errores hayamos cometido, podemos ser perdonados y limpiados por Dios.
Piensa en lo que esto significa. La muerte de Cristo cubre todo pecado, no importa cuánto te condene tu corazón (1 Juan 3:20); cuando te entregas a Cristo, por fe, y aceptas su vida perfecta en lugar de tus propios «trapos de inmundicia» (Isa. 64:6), entonces ya está cubierto por la justicia de Cristo. Su vida perfecta te es acreditada como si fuera tuya. ¡Eso es un regalo al pecador!

La pregunta es: ¿Cómo puede pasar algo así a una persona, y que esa persona no cambie radicalmente? Ese cambio, a menudo llamado «nuevo nacimiento», es una parte esencial de la experiencia de la salvación.

Lee los textos mencionados en los párrafos previos, y resume sus enseñanzas acerca de la justificación y la forma en la que la experimentamos en nuestra propia vida.

La experiencia del perdón concluye con la ira de Dios, y despeja cualquier barrera para recibir la reconciliación y el compañerismo con Dios. Una vida nueva se abre al pecador, quien puede vivir en compañerismo con Cristo bajo la dirección y la guía del Espíritu Santo.

El arrepentimiento es el requisito previo para recibir el perdón y la justificación, y viene acompañado de la confesión y el bautismo (Hech. 2:38; 1 Juan 1:9). Esto ayuda a explicar el hecho de que, aunque el perdón está disponible para todos, no todos serán perdonados.

¿Cómo es tu vida al tener esta promesa: que tu aceptación ante Dios está basada en lo que Jesús hizo para ti, y no en lo que hagas, o en la observancia de la ley?

 

Viernes 26 de octubre

Para Estudiar y Meditar:

Lee «Dios con nosotros», El Deseado de todas las gentes, pp. 11-18; «Salvación», por Iván T. Blazen, Tratado de teología adventista, Raoul Dederen, ed., pp. 308-356.

«El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán Fue una revelación 'del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio' (Rom. 16:25, VM). Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios [...]. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo que se comprometió a dar a su Hijo unigénito 'para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna' (Juan 3:16)» (MGD 23).

Preguntas para Dialogar:

  1. Piensa en cuán malo ha de ser el pecado, que requirió la muerte del Creador mismo para resolverlo. ¿Qué revela la cruz acerca de la total imposibilidad de que la humanidad se salve a sí misma? ¿Qué creemos que podríamos añadir a lo que ya ha sido hecho por nosotros?

  2. Algunos creen en lo que se llama la «expiación subjetiva», la idea de que nada acerca de la cruz cambió nuestra situación frente a Dios. Más bien, todo lo que hizo la cruz, dicen ellos, fue cambiar nuestra actitud hacia Dios, y nada más. ¿Qué hay de deficiente en tal teología? ¿Qué dice acerca del problema del pecado, si todo lo que se necesitaría sería un «ajuste de actitud» de nuestra parte, para resolverlo?

  3. ¿Cuán posible es tener un buen conocimiento acerca de la salvación y, no obstante, no tener la experiencia de ella? ¿Qué entiendes del comentario de Elena de White, de que «la consagración a Dios debe ser un asunto vivo y práctico; no una teoría de la cual debe hablarse sino un principio entretejido con toda nuestra experiencia?» (NEV245). ¿Cómo, en forma diaria y práctica, podemos vivir esta experiencia de la salvación?

  4. Medita en el lugar de la salvación en el contexto de la gran controversia. ¿Por qué Satanás quiere mantener a tantas personas como le sea posible sin la salvación en Jesús? ¿Cuáles son los medios que él usa contra nosotros, y cómo podemos defendernos de ellos?

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