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Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2014

“El sábado”

Lección 11:  – Para el 13 de septiembre de 2014

 

Sábado 6 de septiembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Juan 1:1-3; Mateo 12:1-5; Lucas 4:16-21; Juan 5:16, 17; Mateo 24:20.

Para Memorizar: “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Mar. 2:27, 28).

A lo largo de su ministerio, los líderes religiosos desafiaron la forma en que Cristo observaba el sábado. Ante la crítica, Cristo enfatizó su autoridad como Señor del sábado (Mat. 12:8, Mar. 2:28, Luc. 6:5). También mostró el modo correcto de observar del sábado.

Hoy, confrontamos no solo el desafío de la “correcta observancia” del sábado sino, también, la creencia popular de que el domingo es el día de descanso. Aquellos que argumentan a favor del domingo, sin embargo, no tienen en los evangelios nada que sustente su postura. Las controversias acerca del sábado en estos cuatro libros solamente se refieren a la forma en que debe ser guardado, y no a cuándo debe ser observado. La vida y las enseñanzas de Jesús no dejaron dudas de que el séptimo día seguiría siendo el día de descanso de Dios, incluso después de su muerte y resurrección.

Esta semana, consideraremos la relación de Cristo con el origen del sábado y su señorío sobre él. Luego, estudiaremos el ejemplo y las enseñanzas de Jesús en cuanto a la observancia del sábado. Por último, veremos de qué modo las palabras de Jesús y el ejemplo de sus discípulos revelan la validez permanente del sábado después de su resurrección.

 

Domingo 7 de septiembre:

Cristo, el Creador del sábado

¿Qué indican los siguientes versículos acerca del papel de Jesús en la creación? ¿Por qué esto es tan importante, especialmente al considerar el origen del sábado? Juan 1:1-3; Col. 1:16; Heb. 1:1, 2.

Juan introduce su evangelio con la famosa declaración: “En el principio era el Verbo [...]. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3). Tanto Juan como Pablo no dejan lugar a dudas en cuanto al papel de Cristo en la creación. Dios el Hijo, Jesucristo, creó todas las cosas: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles [...]; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16, 17). A través de Cristo, Dios creó el universo, incluyendo el sistema solar, la Tierra y todo lo que hay en ella, animado e inanimado.

Cristo, que habría de ser el Redentor del hombre, también fue su creador. Y allí mismo, al final de la semana de la creación, el Señor nos dio un día de descanso. “Por haber sido hecho el sábado para el hombre, es el día del Señor. Pertenece a Cristo. [...] Como lo hizo todo, creó también el sábado. Por él fue apartado como un monumento recordativo de la obra de la creación” (DTG 255).

El mismo Dios que creó a la humanidad con la necesidad de descansar, también proveyó los medios para hacerlo: un día en la semana en el cual los seres humanos han de dejar a un lado las preocupaciones y afanes de la vida cotidiana, y descansar en él, el Creador. Luego de terminar la creación, Dios mismo descansó en el séptimo día, no porque estuviera cansado, sino a fin de bendecir y santificar el sábado, y darnos un ejemplo que seguir. Y él también reposó en sábado cuando consumó nuestra redención en la cruz, no porque lo necesitara, sino a fin de (entre otras cosas) confirmar el valor perpetuo del sábado. Cristo, que invita a los seres humanos inquietos a descansar en él (Mat. 11:28, 29), nos invita a hacerlo de un modo especial, una vez a la semana, cada sábado.

El descanso sabático nos une al principio de la creación de la Tierra, a las mismas bases de nuestra existencia. ¿Qué mejor momento para meditar en la importante pregunta: ¿qué estoy haciendo con la existencia que Dios me ha dado?

 

Lunes 8 de septiembre:

Cristo, el Señor del sábado

Lee Mateo 12:1 y 2. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Por qué los fariseos considerarían “no lícita” esta acción?

Deuteronomio 23:25 afirma: “Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo”. El problema, entonces, no era la acción en sí misma, sino el día en el que se realizaba. Las normas rabínicas específicamente prohibían muchos tipos de trabajo en sábado, tales como segar, trillar y aventar el grano. Según los fariseos, al arrancar las espigas, frotarlas con las manos y separar el grano de la cáscara, los discípulos eran culpables de realizar todos esos trabajos.

¿Qué importancia tienen los ejemplos que Jesús utilizó al responder a los fariseos? Mat. 12:3-5.

Con el primer ejemplo (1 Sam. 21:1-6), Cristo argumentó que, aunque en circunstancias normales David y sus hombres no debían comer el pan que solo consumían los sacerdotes (Lev. 24:9), por causa del peligro que amenazaba sus vidas, sus acciones debían ser consideradas una transgresión permitida de una regla ceremonial. El segundo ejemplo que mencionó Jesús (Mat. 12:5) se refiere a los sacrificios y ofrendas ordenados para el sábado en los servicios del Templo, que eran el doble de los sacrificios ofrecidos en cualquier otro día (Núm. 28:9, 10). Los judíos mismos reconocían que el servicio del Templo era más importante que el sábado.

Luego de citar estos ejemplos, Jesús pronunció dos declaraciones que vindican su autoridad para redefinir la pesada observancia del sábado requerida por los fariseos: (1) “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mar. 2:27). Con esto, Jesús reafirma el origen edénico del sábado y redefine las prioridades incorrectas de los fariseos en cuanto al hombre y el día de reposo: el sábado fue creado para beneficiar a los seres humanos y sigue siendo un don, otorgado por Dios, al servicio de la humanidad en vez de estar la humanidad al servicio del sábado. Y (2), al decir: “el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Mar. 2:28), Cristo ratificó su posición como Creador y Legislador del sábado. Por lo tanto, solamente él tenía la autoridad para liberar el sábado de estos mandamientos de hombres.

¿De qué maneras tu observancia del sábado puede corroborar que el Señor del sábado es también el Señor de tu vida?

 

Martes 9 de septiembre:

El ejemplo de Jesús

¿Qué nos dice Lucas 4:16 acerca de la actitud de Jesús hacia el sábado? ¿Por qué esto es tan importante para nosotros hoy? Juan 14:15; 1 Ped. 2:21.

La palabra costumbre, que Lucas utilizó en el versículo 16, proviene de una palabra griega relacionada con hábitos constantes en el tiempo y la práctica. En otras palabras, Jesús asistía con regularidad a la sinagoga todos los sábados que podía. De hecho, esto es tan importante para Lucas que, en todo su Evangelio, menciona cuatro veces que Jesús asistió a la sinagoga en sábados diferentes (Luc. 4:16; 4:31; 6:6; 13:10). Además, Lucas identifica especialmente el sábado como el séptimo día de la semana (Luc. 23:54-24:1). El hecho de que Jesucristo, durante su ministerio terrenal, observó el sábado junto con los judíos, testifica que el ciclo semanal no se había perdido desde que la Ley había sido dada en el Sinaí o, incluso, desde la creación. Su ejemplo como observador del sábado es un modelo que seguir para los cristianos, tanto en cuanto al día correcto como en la forma apropiada de guardarlo.

¿Qué leyó Jesús en esa ocasión especial en la sinagoga? ¿Por qué es importante? Luc. 4:16-21.

Esta no era la primera vez que Jesús leía y hablaba en la sinagoga. Más de un año había pasado desde su bautismo en el río Jordán. Sin embargo, esta era la primera visita de Jesús a Nazaret después de haber dejado el taller de carpintería, donde había estado cerca de treinta años y donde había asistido a la sinagoga local. Durante su juventud, “a menudo, en la sinagoga, los sábados, se le pedía que leyese la lección de los profetas, y el corazón de los oyentes se conmovía al ver irradiar una nueva luz de las palabras familiares del texto sagrado” (DTG 55).

Pero, esta vez fue diferente. Jesús seleccionó un pasaje específico, Isaías 61:1 y 2, que explica la obra del Mesías y cómo vendría “a predicar el año agradable del Señor” (Luc. 4:19). El texto se refería al año sabático, o jubileo, un tiempo de descanso. Apropiadamente, Jesús eligió el día de descanso, el sábado, para anunciar su ministerio de redención, liberación y sanidad. Podemos encontrar verdadero reposo en Jesús, un descanso expresado de manera tangible cada sábado.

 

Miércoles 10 de septiembre:

Milagros en sábado

Los evangelios mencionan varios milagros de sanación que Jesús llevó a cabo en sábado. Es interesante notar que, en la mayoría de los casos, la sanidad llegó por iniciativa de Jesús, como si tuviera la intención de sanar en sábado aunque hubiese podido hacerlo en cualquier otro día. Jesús estaba tratando de enfatizar una verdad: sanar en sábado no era ilícito. Al contrario, era más lícito que lo que muchos de los fariseos y líderes religiosos estaban acostumbrados a hacer en sábado.

¿Qué argumentos se presentan en cada uno de estos textos para justificar los milagros de sanidad realizados por Jesús en sábado? Mat. 12:10-12; Luc. 13:15, 16; Juan 5:16, 17.

Si bien es cierto que debemos dejar a un lado nuestros propios intereses durante el día sábado (Éxo. 20:9; Isa. 58:13), nunca debiera ser considerado como un tiempo de ociosidad inútil. En sus controversias con los fariseos, Cristo señaló claramente que “es lícito hacer el bien en los días de reposo” (Mat. 12:12). Según las tradiciones rabínicas, una persona enferma podía ser tratada en sábado si la situación era de vida o muerte. Del mismo modo, si una oveja o un buey se caían en un pozo, estaba permitido sacar al animal en día sábado para salvarle la vida. ¿No era la vida de una persona más valiosa que la de un animal? Lamentablemente, los críticos de Cristo mostraban más compasión hacia sus propios animales que hacia los seres humanos sufrientes. Aprobaban dar de beber a un animal, pero no restaurar a una persona.

Jesús también declaró: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17), refiriéndose a la obra de Dios por sus criaturas. Incluso en el día sábado, él sigue dando vida y sustentando el universo (Heb. 1:2, 3).

Jesús enseñó que no deberíamos ser legalistas al observar el sábado. Guardar el sábado significa “descansar” de nuestras propias obras (Heb. 4:10) y, más importante aún, detenernos de intentar obtener la salvación por nuestros propios méritos, lo que es imposible de todos modos. Satanás desea convencernos de que guardemos el sábado de un modo egoísta. Si no logra hacernos transgredir el sábado, intenta empujarnos al otro extremo: el legalismo.

Aunque es fácil ser legalistas en cuanto al sábado, otras personas podrían ser muy negligentes para guardarlo. ¿De qué modo podemos lograr la observancia correcta?

 

Jueves 11 de septiembre:

El sábado después de la resurrección

Muchos cristianos guardan el domingo en vez del sábado, justificándose en que Cristo resucitó ese día. Sin embargo, no hay nada en el Nuevo Testamento, incluyendo los pasajes sobre la resurrección, que enseñe que el domingo debe reemplazar al sábado. Al contrario, el Nuevo Testamento muestra que Cristo deseaba que el sábado se guardara incluso después de su resurrección.

¿Qué tiene para decir Mateo 24:20 acerca del sábado en los años posteriores a la resurrección de Jesús?

Las palabras de Cristo en Mateo 24:20 muestran que, en el año 70 d.C., unos cuarenta años después de su muerte, el sábado debía ser considerado tan sagrado como siempre lo había sido. La conmoción, la agitación, el temor y el viaje necesarios para huir de Jerusalén serían inapropiados para un día sábado.

¿Qué otras evidencias podemos encontrar en el Nuevo Testamento que muestran que el séptimo día permaneció sagrado luego de la resurrección de Cristo? Hech. 13:14, 42; 14:1; 17:1, 2; 18:4.

Para los discípulos, ir a la sinagoga era lo que asistir a la iglesia sería para nosotros hoy: una de las mejores formas de observar el sábado. Esto puede verse especialmente en la vida del apóstol Pablo, quien habitualmente se encontraba presente en los servicios de culto de la sinagoga los días sábado. Era su costumbre, siguiendo el ejemplo de Jesús (Hech. 17:2). Aunque era el apóstol a los gentiles y el campeón de la justificación por la fe, Pablo solía ir a la sinagoga los sábados, no solamente para predicar a los judíos sino, también, para santificar el día sábado.

Cierto sábado, luego de culminar el servicio de la sinagoga, los gentiles le rogaron a Pablo que les predicara el evangelio. El apóstol podría haberlos invitado a escucharlo el siguiente día, domingo, pero esperó una semana. “El siguiente día de reposo [sábado] se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios” (Hech. 13:44). Estos textos proveen una evidencia poderosa de que la iglesia del tiempo de los apóstoles no consideraba en absoluto que el primer día de la semana hubiera remplazado al séptimo.

¿De qué modo podemos mejorar nuestra comunión con el Señor en su santo día? Al mismo tiempo, ¿de qué manera el guardar el sábado nos puede ayudar a ser cristianos más compasivos, amantes y afectuosos?

 

Viernes 12 de septiembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee “El sábado”,  El Deseado de todas las gentes, pp. 248-257.

“ ‘El Hijo del hombre es Señor aun del sábado’. Estas palabras rebosan instrucción y consuelo [...]. [El sábado] nos presenta a Cristo como Santificador tanto como Creador. Declara que el que creó todas las cosas en el cielo y en la tierra, y mediante quien todas las cosas existen, es cabeza de la iglesia, y que por su poder somos reconciliados con Dios. Porque, hablando de Israel, dijo: ‘Díles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico’ (Eze. 20:12), es decir, que los hace santos. Entonces, el sábado es una señal del poder de Cristo para santificarnos. Es dado a todos aquellos a quienes Cristo hace santos. Como señal de su poder santificador, el sábado es dado a todos los que por medio de Cristo llegan a formar parte del Israel de Dios” (DTG 255).

Preguntas para Dialogar:

  1. Pertenecemos a Cristo, tanto por creación como por redención. ¿De qué manera el sábado nos recuerda en forma especial estas verdades cruciales?
  2. ¿Cuál es el problema de una obediencia legalista al cuarto Mandamiento? Por otro lado, ¿por qué una observancia descuidada del sábado no es la solución para el legalismo? ¿Cuál es el elemento clave que hace que la observancia del sábado sea una verdadera bendición?
  3. ¿Por qué el sábado, y la oportunidad de descansar en ese día, debería ser un recordativo especial para nosotros de que no somos salvos por nuestras obras, sino por los méritos de Cristo en nuestro favor?
  4. ¿De qué forma podemos aprender a tener una experiencia más profunda y enriquecedora con el Señor, cada sábado?
  5. ¿Qué lecciones sobre el modo de guardar el sábado podemos aprender del ejemplo de Cristo de sanación en sábado? ¿De qué manera estas sanaciones nos ayudan a entender mejor el propósito del sábado?
  6. Se nos dice que debemos “santificar” el sábado. Reflexiona acerca de algunas de tus actividades sabáticas. ¿Cuán santas son?
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