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Segundo trimestre (abril-junio) de 2015

“La misión de Jesús”

Lección 8:  Para el 23 de mayo de 2015

 

Sábado 16 de mayo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Lucas 15:4-7, 11-32; 16:19-31; 18:35-43; 19:1-10.

Para Memorizar: “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10)..

Si tuviéramos que escribir una descripción de la misión de Jesús, no podríamos hacerlo mejor que repetir sus propias palabras: “Buscar y a salvar lo que se había perdido”.

¿Qué se había perdido? La humanidad misma, que estaba alienada de Dios, sujeta a la muerte, y llena de temor, chasco y desesperanza. Si no se hubiese hecho nada en nuestro favor, todo estaría perdido.

Pero, gracias a Jesús, todos tenemos grandes razones para estar esperanzados.

“Al caer, el hombre se apartó de Dios: la tierra fue cortada del cielo. A través del abismo existente entre ambos no podía haber ninguna comunión. Mas, mediante Cristo, el mundo está unido otra vez con el Cielo. Con sus propios méritos, Cristo ha salvado el abismo que el pecado había hecho. […] Cristo une al hombre caído, débil y miserable, con la Fuente del poder infinito” (CC 19).

Del Génesis al Apocalipsis, la Biblia es la historia de Dios que busca a la humanidad perdida. Lucas ilustra esta verdad usando tres parábolas importantes: la oveja perdida (Luc. 15:4-7), la moneda perdida (vers. 8-10) y el hijo perdido (vers. 11-32).

 

Domingo 17 de mayo:

La oveja y la moneda perdidas

Lee Lucas 15:4 al 7. ¿Qué nos dice acerca del amor de Dios por nosotros? ¿Por qué es tan importante comprender que el pastor fue a buscar a la oveja perdida?

En un mundo que parece indiferente, esta parábola revela una gran verdad: Dios nos ama tanto que vino a buscarnos. Hablamos de personas que buscan a Dios pero, en realidad, Dios nos busca a nosotros.

“El alma que se ha entregado a Cristo es más preciosa a sus ojos que el mundo entero. El Salvador habría pasado por la agonía del Calvario para que uno solo pudiera salvarse en su Reino. Nunca abandona a un alma por la cual murió. A menos que sus seguidores escojan abandonarle, él los sostendrá siempre” (DTG 446).

Lee Lucas 15:8 y 9. Esta parábola se encuentra solamente en Lucas. La moneda perdida podría tener dos significados. Primero, en Judea, en tiempos de Jesús, había muchos pobres, y para la mayoría de los hogares una moneda (drájma) era más de un día de salario, apenas lo suficiente para impedir que la familia muriera de hambre. Segundo, como señal de estar casada, algunas mujeres llevaban un turbante adornado con diez monedas: una suma grande, ahorrada durante mucho tiempo en familias pobres.

En ambos casos, la pérdida era un asunto serio. Por ello la mujer, con mucho dolor, enciende una luz (la casa tal vez no tenía ventanas, o solo una pequeña), toma una escoba y revuelve la casa hasta que encuentra esa moneda. Se llena de gozo y avisa a todas sus amigas.

“La moneda, aunque se encuentre entre el polvo y la basura, es siempre una pieza de plata. Su dueño la busca porque es de valor. Así toda alma, aunque degradada por el pecado, es considerada preciosa a la vista de Dios. Así como la moneda lleva la imagen e inscripción de las autoridades, también el hombre, al ser creado, llevaba la imagen y la inscripción de Dios y, aunque ahora está malograda y oscurecida por la influencia del pecado, quedan aun en cada alma los rastros de esa inscripción” (PVGM 152).

La ciencia y filosofía modernas dicen que solo somos creaciones del azar en un universo sin significado, que no se preocupa por nosotros o por nuestra suerte. ¿Qué cosmovisión diferente se ve en estas parábolas?

 

Lunes 18 de mayo:

“La parábola del hijo perdido: Primera parte”

La parábola del hijo pródigo (Luc. 15:11-32) es el relato breve más hermoso sobre la naturaleza perdonadora del amor. Solo aparece en Lucas, y podría llamarse la parábola del padre amante y de dos hijos perdidos. Un hijo eligió irse a un país distante en vez de quedarse en casa. El otro hijo eligió quedarse en casa, pero no conoció el amor del padre. La parábola puede estudiarse en siete partes: cuatro se ocupan del pródigo, dos del Padre, y una del hermano mayor.

  1. ¡Dame! (Luc. 15:12). La decisión de exigir su porción de la propiedad no fue un impulso repentino. A menudo, el pecado se lleva a cabo después de un tiempo de pensar en prioridades mal ubicadas. Este joven debió haber oído de sus amigos el encanto de tierras distantes. La vida en casa era demasiado rígida. Había amor, pero había límites; la tierra distante le ofrecía una vida sin restricciones. El padre era demasiado protector, su amor demasiado estrecho. El hijo quería libertad, y en la búsqueda de una libertad sin límites estaba la semilla de la rebelión.
  2. ¿Por qué a mí? (Luc. 15:13-16). El hijo transformó en efectivo toda su herencia y se fue a una “provincia apartada”, lejos de la casa de su padre. El cuidado de ojos amorosos, el cerco protector de la ley y el abrazo de la gracia estaban ausentes en esa lejanía. Allí pasó “viviendo perdidamente” (Luc. 15:13). La palabra griega para “perdidamente” (asótos) aparece otras tres veces como sustantivo en el Nuevo Testamento: embriaguez (Efe. 5:18), rebeldía (Tito 1:6), y disolución, que incluye “lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías” (1 Ped. 4:3,4). En esos placeres impíos desgastó su salud y desperdició su dinero, y pronto estuvo sin dinero, sin amigos y sin comida. Con hambre al punto de estar famélico, encontró empleo cuidando cerdos, una tarea repugnante para un judío.
  3. “Hazme” (Luc. 15:17-19). Pero, el pródigo aun es hijo y tiene el poder de elegir regresar. El hijo, “volviendo en sí”, recordó su hogar, a su padre, y un vínculo de relación llamado amor. Caminó de regreso a casa, preparó un discurso, y rogó al padre: “Hazme”. Esto es, hazme lo que quieras hacerme, pero déjame estar bajo el cuidado de tu amor. ¡Qué mejor hogar existe que el corazón del Padre!

El mundo puede parecer muy atrayente. ¿Qué cosas específicas del mundo te tientan, de modo que piensas: “Oh, eso no es tan malo”, cuando en lo profundo sabes que sí lo es?

 

Martes 19 de mayo:

“La parábola del hijo perdido: Segunda parte”

  1. El regreso a casa (Luc. 15:17-20) fue un viaje de arrepentimiento. Comenzó cuando “volvió en sí”. Al comparar dónde estaba con la casa de su padre, decidió “ir” a su padre. Regresó con un discurso de cuatro partes que define lo que es el arrepentimiento.

    Primero, reconoce al padre como “mi padre” (vers. 18). El hijo pródigo confía en su amor y perdón, así como necesitamos confiar en el amor y el perdón de nuestro Padre.

    Segundo, la confesión: el pródigo había pecado contra Dios y contra su padre (vers. 18).

    Tercero, la contrición: “Ya no soy digno” (vers. 19). Reconocer la propia indignidad, en contraste con la dignidad de Dios, es esencial para el verdadero arrepentimiento.

    Cuarto, la petición: “Hazme” (vers. 19). La entrega a lo que Dios quiera es la meta del arrepentimiento. El hijo ha regresado a casa.

  2. El padre expectante (Luc. 15:20, 21). La espera comenzó cuando el hijo salió de casa, y terminó “cuando aún estaba lejos” y el padre lo vio. “Fue movido a misericordia… y le besó” (vers. 20). Ninguna otra imagen capta mejor el carácter de Dios como la del padre que esperaba a su hijo.
  3. El regocijo de la familia (Luc. 15:22-25). El padre abrazó a su hijo, lo vistió con un vestido nuevo, puso un anillo en su dedo, zapatos en sus pies, y ordenó hacer una fiesta. La familia estaba de celebración. Si salir de la casa fue la muerte, el regreso fue una resurrección, digna de regocijo. Por cada hijo arrepentido hay gozo en el cielo (vers. 7).
  4. El hijo mayor (Luc. 15:25-32). El hijo menor se perdió cuando se fue lejos. El hijo mayor estaba perdido; aunque estaba en casa, su corazón estaba lejos. Ese corazón se enojó (vers. 28), se quejó lleno de justicia propia (vers. 29), y rehusó reconocer al hermano. Le dice al padre: “este tu hijo… ha consumido tus bienes” (vers. 30). La actitud del hijo mayor hacia el padre es la misma que la de los fariseos que acusaron a Jesús: “Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (vers. 2). Las palabras del padre al hijo mayor reflejan la actitud del Cielo hacia todos los pecadores arrepentidos: “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado” (vers. 32).

Ponte en el lugar del hermano mayor. Por equivocado que sea su pensamiento, ¿por qué era “lógico” que se sintiera de esa manera? ¿Cómo revela esto la manera en que el evangelio va más allá de la “lógica”?

 

Miércoles 20 de mayo:

Oportunidades perdidas

Aunque Jesús vino a buscar y a salvar a los perdidos, no fuerza a nadie a aceptar la salvación que ofrece. La salvación es gratuita y está disponible para todos, pero esta oferta con fe se debe aceptar, y se debe vivir en conformidad con la voluntad de Dios. La única ocasión que tenemos para esto es mientras vivimos sobre la tierra. No hay otra oportunidad.

Lee Lucas 16:19 al 31. ¿Cuál es el mensaje de esta parábola?

La parábola está registrada solo en Lucas, y enseña dos grandes verdades: la importancia de “hoy” en el proceso de salvación, y la ausencia de una oportunidad para la salvación después de la muerte.

Hoy es el día de salvación. La parábola no enseña que las riquezas son malas en sí o que es bueno ser pobre. Lo que enseña es que no debemos perder la oportunidad de ser salvos mientras estamos sobre esta tierra. No hay una segunda oportunidad. Todos somos salvados y juzgados por la actitud hacia Jesús hoy. “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Cor. 6:2).

La parábola también enseña que la recompensa eterna no tiene que ver con las posesiones. El hombre rico “que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez” (Luc. 16:19) pasó por alto a Dios. Si no se reconoce a Dios, no se toman en cuenta a los demás seres humanos. El pecado del rico no fue su riqueza, sino no reconocer que la familia de Dios es más amplia de lo que él estaba preparado para aceptar.

No hay segunda oportunidad para la salvación después de la muerte. La segunda verdad que Jesús enseña aquí es que no hay segunda oportunidad para la salvación después de la muerte. “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb. 9:27). Otro punto de esta parábola es mostrar a la gente que tenemos suficiente evidencia en esta vida para hacer una elección consciente en favor de Dios o en contra de él. Cualquier teología que enseña una “segunda oportunidad” después de la muerte es engañosa.

Nos gusta hablar del amor de Dios, y todo lo que él hizo y hace para salvarnos. Sin embargo, ¿qué nos enseña esta parábola acerca del peligro de tomar por sentados el amor de Dios y la salvación?

 

Jueves 21 de mayo:

Era ciego y ahora veo

La declaración de misión de Jesús, que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, es una afirmación de un ministerio integral. Vino para hacer que los hombres y las mujeres estén completos, para transformarlos física, mental, espiritual y socialmente. Lucas presenta dos casos que ilustran el modo en que Jesús restauró a dos hombres quebrantados. Uno era ciego físicamente, el otro espiritualmente; ambos eran desechados: uno un mendigo; el otro, un recolector de impuestos. Pero, ambos eran candidatos para la misión salvadora de Cristo y ninguno de ellos estaba más allá de su alcance.

Lee Lucas 18:35 al 43. ¿Qué nos enseña esto acerca de nuestra total dependencia de Dios? ¿Quién no ha clamado alguna vez: “Ten misericordia de mí”?

El ciego era Bartimeo (Mar. 10:46). Era un mendigo en las afueras de Jericó. Con una limitación física, sin importancia social y golpeado por la pobreza, de repente se encontró con una maravilla celestial: “Pasaba Jesús nazareno” (Luc. 18:37), y su fe brotó y exclamó: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (vers. 39). La fe no requiere ojos ni oídos, ni pies ni manos, sino solo un corazón que se conecta con el Creador del mundo.

Lee Lucas 19:1 al 10. ¿Quién es el “ciego” en esta historia?

Solamente el Evangelio de Lucas registra la historia de Zaqueo, el último encuentro de Jesús con un desechado. La misión de Cristo, de buscar y salvar lo que se había perdido, fue cumplida en este encuentro con Zaqueo. Este era el principal publicano de Jericó; a juicio de los fariseos, era un gran pecador, pero un gran pecador buscado y salvado por el Salvador. Los lugares y métodos que usó Jesús para realizar su misión fueron extraños. Un sicómoro, un hombre curioso que quería ver quién era Jesús, y un Señor amante que le ordena bajarse porque se había invitado a sí mismo a almorzar con Zaqueo. Sin embargo, más importante, Jesús tenía que entregar un mensaje: “Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Luc. 19:9), aunque no antes de que Zaqueo arreglara sus cuentas (vers. 8).

Es fácil ver las fallas y limitaciones de otras personas. No obstante, a menudo, estamos ciegos frente a las propias. ¿Cuáles son algunas áreas de tu vida que necesitas confrontar, confesar y alcanzar la victoria sobre ellas, y que fueron postergadas por demasiado tiempo?

 

Viernes 22 de mayo

Para Estudiar y Meditar:

“Cristo representa con la oveja perdida no solo al pecador individual, sino también al mundo que ha apostatado y ha sido arruinado por el pecado” (PVGM 149).

Acerca del valor de una sola alma: “¿Quién puede estimar el valor de un alma? Si queréis saber su valor, id al Getsemaní y allí velad con Cristo durante esas horas de angustia, cuando su sudor era como grandes gotas de sangre. Mirad al Salvador pendiente de la cruz. […] Podréis estimar el valor de un alma al pie de la cruz, recordando que Cristo habría entregado su vida por un solo pecador” (ibíd. 196, 197).

Preguntas para Dialogar:

  1. Mientras todas las religiones presentan a los seres humanos en busca de Dios, el cristianismo presenta a Dios como el que busca: Adán, ¿dónde estás tú (Gén. 3:9)?; Caín, ¿dónde está tu hermano (Gén. 4:9)?; Elías, ¿qué haces aquí? (1 Rey. 19:9); Zaqueo, ¡bájate! (Luc. 19:5). ¿Cuál ha sido tu propia experiencia con Dios en relación con el Dios que te busca?
  2. Considera otra vez la última pregunta al final de la sección del martes. ¿Cuál fue el error fatal que cometió el hijo mayor? ¿Qué defectos espirituales se revelaron en su actitud? ¿Por qué tener esa actitud es más fácil de lo que podríamos pensar? Lee también Mateo 20:1 al 16.
  3. En la historia del hombre rico y Lázaro, Jesús dijo que aun si alguien volviera de los muertos, habría quienes no creerían. ¿De qué manera predijo esta parábola la reacción de algunas personas frente a la resurrección de Jesús, que no creyeron a pesar de las poderosas evidencias de que efectivamente había ocurrido?
  4. Uno de los aspectos más impresionantes del ministerio salvador de Jesús es la igualdad con la que trató a toda la gente, tales como al mendigo ciego y a Zaqueo, o a Nicodemo y a la mujer samaritana. La Cruz, más que cualquier otra cosa, muestra la igualdad de todas las personas ante Dios. ¿De qué manera esta verdad vital debería impactar sobre la forma en que tratamos a otros, aun a aquellos contra los que –por causas políticas, culturales, étnicas, o las que sean− podríamos haber tenido resquemores anteriormente? ¿Por qué esa actitud es contraria a Jesús?
  5. Compara la historia del hijo pródigo con la del hombre rico y Lázaro. ¿De qué modo se equilibran mutuamente?
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