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Segundo trimestre (abril-junio) de 2015

“Crucificado y resucitado”

Lección 13: – Para el 27 de junio de 2015

 

Sábado 20 de junio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 3:1-6; Lucas 22:39-46; 2 Corintios 13:8; Lucas 22:53; Mateo 12:30; 1 Corintios 15:14.

Para Memorizar: “Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día” (Luc. 24:7)..

Jesús fue siempre consciente de que había venido a esta tierra para cumplir la voluntad de Dios (Luc. 2:41-50). Enseñó, sanó y ministró en obediencia al Padre. Después de celebrar la Última Cena, él iba a caminar solo, sería traicionado y negado, enjuiciado y crucificado, y se levantaría victorioso sobre la muerte.

Jesús supo siempre que la cruz era inevitable. Muchas veces en los evangelios, la palabra necesario se usa en relación con los sufrimientos y la muerte de Jesús (Luc. 17:25; 22:37; 24:7; Mat. 16:21; Mar. 8:31; 9:12; Juan 3:14). Era necesario que fuera a Jerusalén, que sufriera. Era necesario que fuese rechazado y que fuera levantado, etc. Iría al Gólgota. Denunció como proveniente de Satanás (Mat. 16:22, 23) cualquier sugerencia de rechazar la cruz. Estaba convencido de que “le era necesario…padecer… ser muerto y resucitar” (vers. 21). Para Jesús, la jornada hacia la cruz no era una opción (Luc. 24:25, 26, 46), una parte del “misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos” (Col. 1:26).

 

Domingo 21 de junio

“El Getsemaní: La lucha terrible”

En la aurora de la historia, Dios creó a Adán y a Eva, y los puso en un hermoso jardín, bendecidos con todo lo que necesitaban para una vida de gozo. Pronto algo extraordinario sucedió: apareció Satanás (Gén. 3). Él tentó a la primera pareja, y empujó a la joven tierra a la gran controversia entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás.

Ahora, en el tiempo de Dios, otro jardín (Luc. 22:39-46) llegó a ser un terrible campo de batalla, donde rugía la guerra entre la verdad y la falsedad, entre la justicia y el pecado, y entre el plan de Dios para la salvación humana y la meta de Satanás de la destrucción humana.

En el Edén, el mundo fue precipitado al desastre del pecado; en el Getsemaní, se aseguró la victoria definitiva del mundo. El Edén vio el trágico triunfo de la afirmación propia contra Dios; el Getsemaní mostró la entrega propia a Dios y reveló la victoria sobre el pecado.

Compara lo que sucedió en el Edén (Gén. 3:1-6) con lo que ocurrió en el Getsemaní (Luc. 22:39-46). ¿Cuál es la gran diferencia de lo que sucedió en ambos jardines?

El Getsemaní representa dos cosas vitales: primera, un feroz ataque de Satanás para desviar a Jesús de la misión y el propósito de Dios; luego, el ejemplo más noble de dependencia de la fortaleza de Dios para realizar su voluntad y propósito. El Getsemaní muestra que, por dura que sea la batalla y por débiles que seamos, la victoria es segura para los que han experimentado la fortaleza de la oración. Jesús oró, en palabras famosas: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc. 22:42).

Todas las huestes de Satanás estuvieron alineadas contra Jesús; los discípulos, a quienes él amaba mucho, estaban ciegos a su sufrimiento. Gotas de sangre caían, una a una; el beso del traidor estaba a solo un aliento de distancia; y los sacerdotes y la guardia del Templo estaban por llegar. No obstante, Jesús nos mostró que la oración y la sumisión a la voluntad de Dios dan al alma la fortaleza necesaria para llevar las grandes cargas de la vida.

La siguiente vez en que seas fuertemente tentado, ¿de qué forma puedes tener la clase de experiencia que tuvo Jesús en el Getsemaní, a diferencia de la que Adán y Eva tuvieron en el Edén? ¿Cuál es el factor vital que marca toda la diferencia entre ellas?

 

Lunes 22 de junio:

Judas

“Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce” (Luc. 22:3). Sin duda Satanás trabajó arduamente para conseguir a todos los discípulos. ¿Qué tenía Judas que capacitó al adversario para tener éxito con él, en contraste con los demás?

Lucas dice que Jesús oró solo, toda una noche en las montañas, antes de elegir a sus discípulos (Luc. 6:12-16). Él creyó que los Doce eran el regalo de Dios para él (Juan 17:6-9). ¿Fue Judas una contestación a la oración? ¿Cómo hemos de entender lo que sucede aquí, fuera de que aun en la traición y la apostasía de Judas, el propósito de Dios había de cumplirse? (Ver 2 Cor. 13:8).

Judas tenía mucho potencial y podría haber sido otro Pablo, pero fue en una dirección equivocada. Lo que pudo ser para él una experiencia de Getsemaní fue, en cambio, como la caída en el Edén.

“[Judas] había fomentado el mal espíritu de la avaricia, hasta que este había llegado a ser el motivo predominante de su vida. El amor al dinero superaba su amor por Cristo” (DTG 663).
Cuando Jesús alimentó a los cinco mil (Luc. 9:10-17), Judas captó el valor político del milagro y “puso en pie el proyecto de tomar a Cristo por la fuerza y hacerle rey” (ibíd. 665, 666). Pero, Jesús denunció el intento, y allí comenzó el desencanto de Judas: “Sus esperanzas eran grandes y su desencanto fue amargo” (p. 666). Obviamente, Judas y otros creían que Jesús usaría sus poderes para establecer un reino terrenal, y Judas quería un lugar en ese reino. Cuán trágico fue que su deseo de un lugar en un reino temporal le hiciera perder un lugar en el Reino eterno.

En otra ocasión, una devota seguidora de Jesús ungió sus pies con un perfume costoso, y Judas observó que era un desperdicio económico (Juan 12:1-8). Todo lo que Judas podía ver era el dinero, y su amor al dinero opacaba su amor a Jesús. Esta fijación con el dinero y el poder condujeron a Judas a ponerle precio a Jesús (Mat. 26:15). Desde entonces, “entró Satanás en Judas” (Luc. 22:3). Y Judas fue un alma perdida.

No hay nada de malo con el estatus, el poder o el dinero. El problema surge cuando estas cosas (o cualesquiera otras) ensombrecen nuestra fidelidad a Dios. ¿Por qué es importante considerarse uno mismo como Judas, para no autoengañarse?

 

Martes 23 de junio:

Con él o contra él

Por todo lo que significa, la Cruz es un gran evento que dividió la historia: la división entre la fe y la incredulidad, entre la traición y la aceptación, y entre la vida y la muerte eternas. Con respecto a la Cruz, no hay terreno intermedio para ningún ser humano. Al final, estamos de un lado o del otro.

“El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mat. 12:30). Son palabras fuertes, y pueden dejarnos un poco incómodos, pero Jesús está expresando sencillamente lo que es real y lo que significa la verdad para quienes están inmersos en la gran controversia entre Cristo y Satanás. Estamos con Jesús o con Satanás.

Sí, es así de inflexible.

¿De qué modo se relacionaron con Jesús las siguientes personas? ¿Qué lecciones podemos obtener de sus ejemplos, que nos pueden ayudar en nuestra relación con Dios y en la manera en que nos relacionamos con la Cruz?

El Sanedrín (Luc. 22:53). ¿Qué equivocaciones cometieron esas personas, y por qué? ¿De qué forma podemos prevenir hacer algo similar con respecto a cómo consideraban a Jesús?

Pilato (Luc. 23:1-7, 13-25). ¿Qué llevó a Pilato a decir: “Ningún delito hallo en él” (Juan 19:4) y, al mismo tiempo, sentenciarlo a ser crucificado? ¿Qué podemos aprender de su error al dejar de hacer lo que sabía que era lo correcto?

Herodes (Luc. 23:6-12). ¿Cuál fue su gran error, y qué podemos aprender de éste?

Los dos ladrones (Luc. 23:39-43). Dos pecadores miran la misma cruz, y tienen dos reacciones diferentes. ¿De qué modo esta escena revela de qué lado de la gran controversia estamos con respecto a la salvación?

 

Miércoles 24 de junio:

Ha resucitado

Temprano el domingo, las mujeres fueron a la tumba para completar el ritual de la sepultura. A pesar del tiempo que habían pasado con Jesús, ellas no habían comprendido lo que sucedería. No esperaban una tumba vacía, o que los mensajeros celestiales les dijeran: “No está aquí, sino que ha resucitado” (Luc. 24:6).

En los primeros capítulos de Hechos, hay por lo menos ocho referencias a la resurrección de Jesús (Hech. 1:22; 2:14-36; 3:14, 15; 4:1, 2, 10, 12, 33; 5:30-32). ¿Por qué la resurrección de Jesús fue tan esencial en la predicación apostólica y en la fe de la iglesia primitiva? ¿Por qué es tan crucial también para nosotros hoy?

Las mujeres fueron testigos presenciales de la resurrección de Jesús. Corrieron para compartir esta buena noticia con otros, pero ninguno les creyó (Luc. 24:11). Los apóstoles, en cambio, desecharon la mayor noticia en la historia de la redención como “locura” de mujeres agotadas y adoloridas (vers. 10, 11).

¡Cuán pronto habrían de descubrir cuán equivocados estaban!

La resurrección de Cristo es fundacional en el acto redentor de Dios, y para la totalidad de la fe y existencia cristianas. Pablo deja esto muy claro: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Cor. 15:14). Es vana o vacía, porque solo en la resurrección de Cristo encontramos esperanza para la nuestra. Sin esa esperanza, nuestras vidas aquí terminarían para siempre. La vida de Cristo no terminó en una tumba, y la gran promesa es que la nuestra tampoco terminará así.

“Si Cristo no ha resucitado de entre los muertos, esa larga serie de eventos redentores para salvar a su pueblo acaba en un callejón sin salida, en un sepulcro. Si la resurrección de Cristo no es una realidad, entonces no tenemos seguridad de que Dios sea un Dios vivo, porque la muerte ha tenido la última palabra. La fe es vana porque su objeto no se ha vindicado como el Señor de la vida. La fe cristiana queda entonces prisionera en el sepulcro, junto con la última y más elevada autorrevelación de Dios en Cristo, si Cristo en realidad está muerto”.−George E. Ladd, Teología del Nuevo Testamento, p. 443.

 

Jueves 25 de junio:

“Que se cumpliese todo”

Lucas 24:13 al 49 nos cuenta acerca de los eventos posteriores a la resurrección de Cristo. Los diversos encuentros ¿cómo ayudaron a estas personas a comprender lo que le había ocurrido a Jesús, y por qué eso es muy importante, aun para nosotros hoy?

La resurrección de Jesús debería haber sido evidencia suficiente para demostrar que Jesús fue el Mesías. Golpeado brutalmente antes de ser crucificado, y finalmente traspasado, Jesús fue puesto en una tumba. Aun si, como algunos ridículamente sugirieron, él hubiese sobrevivido a la cruz y a la sepultura, el Jesús ensangrentado, golpeado y debilitado, que de algún modo hubiese salido vacilante de la tumba, no habría sido un Mesías victorioso.

No obstante, allí estaba Jesús, vivo y fuerte como para caminar unos cuantos kilómetros con los dos hombres en camino a Emaús. Y antes de revelar quién era, Jesús les señaló las Escrituras, dándoles un fundamento bíblico firme para su fe en él.

Entonces, cuando apareció a los discípulos, les mostró su carne, comió con ellos y, además, los dirigió a la Palabra de Dios: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas” (Luc. 24:46-48).

Jesús no solo señaló las Escrituras (además de la evidencia de que él estaba realmente vivo y entre ellos); también las usó para ayudarles a entender lo que le había sucedido. Además, vinculó su resurrección con la misión de predicar el evangelio a todas las naciones.

Aun con todas las poderosas evidencias que probaban quién era Jesús, él siempre señalaba a sus seguidores que fueran a la Palabra de Dios. Después de todo, sin la Palabra de Dios entre nosotros hoy, ¿de qué otra manera podríamos conocer nuestra misión de predicar el evangelio al mundo? ¿De qué forma sabríamos qué es el evangelio? La Biblia es tan central para nosotros hoy como lo fue para Jesús y sus discípulos.

¿Cuánto tiempo pasas con la Biblia? ¿Cómo impacta ella tu manera de vivir, las elecciones que haces y el modo en que tratas a otros?

 

Viernes 26 de junio

Para Estudiar y Meditar:

“Los santos y los ángeles verán el significado de la muerte de Cristo. Los hombres caídos no podrían tener un hogar en el paraíso de Dios sin el Cordero que fue muerto desde la fundación del mundo. ¿No ensalzaremos, pues, la cruz de Cristo? Los ángeles atribuyen honor y gloria a Cristo, pues aun ellos no están seguros a menos que contemplen los sufrimientos del Hijo de Dios. Los ángeles del cielo están protegidos contra la apostasía por medio de la eficacia de la cruz. Sin la cruz no estarían más seguros contra el mal de lo que estuvieron los ángeles antes de la caída de Satanás. La perfección angelical fracasó en el cielo. La perfección humana fracasó en el Edén, el paraíso de la bienaventuranza. Todos los que deseen seguridad en la tierra o en el cielo deben acudir al Cordero de Dios”.−“Comentarios de Elena G. de White”, en CBA 5:1106.

Preguntas para Dialogar:

  1. Como cristianos, hemos de vivir por fe: es decir, hemos de creer en algo que no podemos demostrar plenamente, para lo cual no tenemos evidencias de testigos presenciales directos. Por supuesto, la gente hace eso todo el tiempo en muchas cosas. Por ejemplo, en el contexto de la ciencia, un autor escribió: “En resumen, tenemos evidencia directa para un número sorprendentemente pequeño de las creencias que tenemos”.−Richard DeWitt, Worldviews: An Introduction to the History and Philosophy of Science, p. 15.

    No obstante, tenemos muchas buenas razones de las cosas en las que creemos y para mantener nuestra fe. Considera lo que Jesús les dijo a los discípulos en el contexto de la Gran Comisión: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14). Cuando Jesús pronunció estas palabras, ¿cuántos eran sus seguidores? ¿Cuántas personas habían creído en él, o habían comprendido quién era y qué era lo que quería realizar? Piensa en toda la oposición que la iglesia primitiva habría de afrontar, durante siglos, en el Imperio Romano. Recordando todos estos hechos, analiza qué predicción notable es esta afirmación de Jesús, y cómo debería ayudarnos a confiar en la Palabra de Dios.

  2. Medita en el pasaje de Elena de White que está más arriba. ¿Cómo nos ayuda a entender cuán universal es realmente el problema del pecado? Aun los ángeles no están seguros a menos que contemplen a Jesús. ¿Qué significa esto?
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