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Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2014

 “El Espíritu Santo”

Lección 3: – Para el 19 de julio de 2014

 Sábado 12 de julio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Juan 14:16-18, 26; 15; 26; Mateo 12:31, 32; Juan 16:8; 3:5-8; Lucas 11:9-13.

Para Memorizar: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16).

De las tres Personas de la Deidad, el Espíritu Santo es el menos comprendido. Es irónico que la Persona que está más cerca de nosotros, nos hace nacer de nuevo, habita en nosotros y nos transforma es aquella de quien sabemos tan poco.

Esto se debe a que la Biblia es menos explícita respecto del Espíritu Santo que del Padre y del Hijo. Aunque hay muchas referencias al Espíritu en las Escrituras, muchas de ellas son metafóricas o simbólicas. La Biblia habla ampliamente acerca de la obra del Espíritu, pero muy poco de su naturaleza.

Otra razón surge del ministerio del Espíritu Santo. Él está tratando constantemente de centrar nuestra atención en Cristo, no en sí mismo. En el plan de salvación, el Espíritu desempeña un rol subordinado al Padre y al Hijo, aunque esta función no implica que sea de naturaleza inferior.

Esta semana, al escuchar lo que Jesús enseñó acerca del Espíritu, oremos fervientemente por su presencia transformadora en nuestras vidas.

 

Domingo 13 de julio:

El representante de Cristo

Con temor y tristeza, los discípulos escucharon mientras Jesús anunciaba su muerte inminente. Privados de su presencia, ¿quién sería su Maestro, Amigo y Consejero? Conociendo su desesperada necesidad, Cristo les prometió enviar su representante para que esté con ellos.

¿Qué nombre particular usó Cristo para su representante? Juan 14:16-18. ¿En qué sentido este nombre era tan apropiado? Juan 14:26.

Ayudador, Consejero, Consolador son diferentes traducciones de la palabra griega paraklētos, que está formada por la preposición para, “al lado de”, y el adjetivo klētos, “llamado”. Literalmente significa “uno llamado para estar al lado de” alguien, dando la idea de “una persona convocada en auxilio de uno”. Se puede referir a un mediador, un intercesor, un ayudador, un consejero o un abogado.

Solamente Juan usa el término paraklētos en el Nuevo Testamento. Es interesante notar que también aplicó esta palabra a Jesús (1 Juan 2:1).

Durante su ministerio terrenal, Cristo fue el Consejero, Ayudador y Consolador de los discípulos. Por lo tanto, es muy apropiado que su sucesor recibiera el mismo nombre. El Espíritu Santo es enviado por el Padre a pedido del Hijo y en el nombre del Hijo (Juan 14:16, 27). El Espíritu continúa la obra de Cristo en esta Tierra.

Mediante el Espíritu Santo, los discípulos tenían la presencia de Jesús. “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18), dijo el Señor. No se refería a visitarlos ocasionalmente, lo que habría sido de muy poco consuelo para indefensos “huérfanos”. Más bien, les estaba anunciando una relación permanente e íntima: “yo en vosotros” (Juan 14:20). Esto sería posible solo mediante la presencia del Espíritu Santo en los creyentes.

La naturaleza humana de Cristo le impedía estar personalmente en todas partes al mismo tiempo. El Espíritu Santo, por el otro lado, es omnipresente (Sal. 139:7). Mediante el Espíritu, nuestro Salvador estaría accesible para todos, independientemente de donde estuvieran o la distancia física que los separara de Cristo.

¿De qué maneras has experimentado la realidad del Espíritu Santo, aunque su naturaleza y la forma en la que obra en nuestras vidas no sean fáciles de entender?

 

Lunes 14 de julio:

El Espíritu Santo es una Persona

Elena de White escribió que “la naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. [...] En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro” (HAp 43).

No obstante, ella también afirmó que “el Espíritu Santo es una persona, porque testifica en nuestros espíritus que somos hijos de Dios. [...] Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios” (Ev 447). Esta declaración está basada en la Biblia (Rom. 8:16; 1 Cor. 2:10, 11). Así que, aunque estamos limitados por nuestra naturaleza humana, mediante las Escrituras al menos podemos saber que el Espíritu Santo es una Persona y que es Divino. Lo que Jesús dijo acerca del Espíritu Santo confirma esta conclusión.

¿Cuáles son algunas de las acciones del Espíritu Santo que muestran que él es una Persona? Juan 14:26; 15; 26; 16:7-14.

Jesús mencionó varias actividades que realiza el Espíritu, y todas implican una personalidad. ¿Quién mejor que una persona podría enseñarnos y recordarnos todo lo que Cristo dijo (Juan 14:26)? ¿O quién mejor que un ser personal para testificar de Jesús (Juan 15:26), convencer al mundo (Juan 16:8), guiarnos a toda verdad, escuchar y hablar (Juan 16:13)? Y solo una persona inteligente puede glorificar a Cristo (Juan 16:14).

Siguiendo las enseñanzas de Jesús, los escritores del Nuevo Testamento dejan en claro que el Espíritu Santo tiene las características esenciales de una persona: voluntad (1 Cor. 12:11), inteligencia (Hech. 15:28; Rom. 8:27) y emociones (Rom. 15:30; Efe. 4:30).

Porque el Espíritu Santo es una Persona divina, debemos someternos humildemente a su voluntad y dirección. Lo invitaremos a morar en nuestros corazones (Rom. 8:9), transformar nuestras vidas (Tit. 3:5) y producir el fruto del Espíritu en nuestros caracteres (Gal. 5:22, 23). Solos no podemos hacer nada; únicamente por medio su poder obrando en nosotros, podemos llegar a ser lo que Jesús nos prometió que seríamos.

El Espíritu Santo es un regalo; como casi todos los regalos, puede ser rechazado. ¿De qué modo puedes asegurarte, día tras día, de que no estás rechazando lo que el Espíritu Santo procura hacer en tu vida?

 

Martes 15 de julio:

El Espíritu Santo es de naturaleza divina

Cuando Jesús presentó el Espíritu Santo a los discípulos, lo llamó “otro” Consolador (Juan 14:16). La palabra griega que Jesús usó para “otro” es allos, que hace referencia a “otro de la misma clase”, en contraste con heteros, “otro de una clase o cualidad diferente”. La misma igualdad de naturaleza que une al Padre y al Hijo se exhibe entre el Hijo y el Espíritu Santo.
Jesús dijo que el Espíritu Santo “os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13). Solo un ser divino puede anunciar el futuro (Isa. 46:9, 10).

La divinidad del Espíritu Santo también se muestra en su rol en la inspiración de las Escrituras, una función que Jesús reconoció explícitamente. Argumentó que “David dijo por el Espíritu Santo” (Mar. 12:36) lo que está registrado en Salmos 110:1.

Mientras vivió en esta Tierra, Jesús estuvo constantemente bajo la dirección del Espíritu Santo. Después de ser ungido por el Espíritu en su bautismo (Mat. 3:16, 17), “fue llevado por el Espíritu al desierto” (Luc. 4:1). Victorioso sobre el tentador, Jesús “volvió en el poder del Espíritu a Galilea” para llevar adelante su ministerio (Luc. 4:14). Los milagros que realizó fueron hechos por el Espíritu Santo (Mat. 12:28). El hecho de que el Hijo de Dios dependía del Espíritu es otra demostración del carácter divino del Espíritu, porque es difícil imaginarse al Hijo de Dios dependiendo de algo menos que divino.

Más evidencia de la divinidad del Espíritu se observa en su asociación con el Padre y el Hijo en textos que mencionan a las tres Personas como iguales. Jesús comisionó a los apóstoles a bautizar a los nuevos discípulos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19).

¿De qué manera los siguientes versículos nos ayudan a entender la divinidad del Espíritu Santo? Mateo 12:31, 32.

La comparación entre hablar contra el Hijo del Hombre, un pecado que puede ser perdonado, y hablar contra el Espíritu Santo, un pecado que no puede ser perdonado, muestra que el Espíritu no es un ser común. La blasfemia es un pecado cometido directamente contra Dios. Concluimos, pues, que el Espíritu Santo es una de las tres Personas de la Deidad. Aunque mucho se ha escrito acerca del “pecado imperdonable”, el contexto inmediato se refiere a personas tan endurecidas contra el Espíritu y su obra salvadora que atribuyen su obra al diablo.

 

Miércoles 16 de julio:

La obra del Espíritu Santo

Ya hemos visto el importante rol del Espíritu Santo en la vida del Cristo encarnado y en la inspiración de las Escrituras. Consideremos ahora lo que Jesús enseñó acerca de la obra del Espíritu para nuestra salvación.

¿Qué tarea indispensable realiza el Espíritu Santo a fin de prepararnos para aceptar al Salvador? Juan 16:8.

¿Quién toma una medicina si no reconoce que está enfermo? De la misma manera, no podemos ser salvos a menos que reconozcamos que somos pecadores. De forma suave pero constante, el Espíritu Santo nos convence de que hemos pecado, somos culpables y estamos bajo el juicio justo de Dios.

Entonces, el Espíritu nos guía a Cristo, testificando acerca de él (Juan 15:26), el único que puede salvarnos. Dado que Jesús es la verdad (Juan 14:6), al llevarnos a Jesús el Espíritu también nos lleva “a toda la verdad” (Juan 16:13). El Espíritu Santo es llamado justamente “el Espíritu de verdad” (Juan 14:17).

Una vez que hemos sido convencidos de pecado (lo que implica arrepentirnos de nuestros pecados) y guiados a Jesús y su verdad, estamos listos para que el Espíritu Santo realice su mayor obra en nosotros.

¿Por qué es tan crucial haber “nacido del Espíritu”? Juan 3:5-8.

Aquellos que han tratado de reformar sus vidas por sí mismos saben cuán inútiles son sus esfuerzos. Nos resulta imposible, sin la intervención divina, transformar nuestras vidas deterioradas y pecaminosas en un nuevo ser. La regeneración de un pecador requiere un poder creador tal que solo puede ser provisto por el Espíritu Santo. Somos salvados “por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit. 3:5). Lo que hace el Espíritu no es una modificación o mejora de nuestra vida antigua, sino una transformación de la naturaleza, la creación de una nueva vida. Los resultados de tal milagro son claramente visibles y constituyen un argumento irrefutable en favor del evangelio.

Necesitamos la obra del Espíritu Santo no solo al comienzo de nuestra vida cristiana, sino constantemente. Para fomentar nuestro crecimiento espiritual, él nos enseña y recuerda todo lo que Jesús enseñó (Juan 14:26). Si se lo permitimos, habitará en nosotros para siempre como nuestro Ayudador, Consolador y Consejero (Juan 14:16).

Los malos hábitos son difíciles de cambiar. ¿Qué nos deberían decir nuestras debilidades y nuestra tendencia a pecar acerca de nuestra necesidad constante de someternos al Espíritu Santo?

 

Jueves 17 de julio:

Llenos del Espíritu Santo

Saber quién es el Espíritu Santo solo tiene sentido si nos lleva a abrir completamente nuestras vidas para ser llenos de él. Si no invitamos diariamente al Huésped celestial para que habite en nosotros, otra clase de espíritu entrará en la vida vacía y producirá un desastre espiritual (Mat. 12:43-45). Jesús mismo fue “lleno del Espíritu Santo” (Luc. 4:1). “Diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo” (PVGM 105).

¿Qué dice Lucas 11:9 al 13 acerca de la manera en que podemos recibir al Espíritu Santo, y de la generosa disposición del Padre para dárnoslo?

En la Última Cena, Jesús prometió a sus discípulos el Espíritu Santo, enfatizando su ministerio consolador y docente para atender las necesidades de ellos en ese momento. Después de la resurrección de Cristo, sin embargo, el contexto era diferente y los discípulos enfrentaban nuevos desafíos.

¿Cuál fue el tema central de la promesa que Jesús hizo después de su resurrección? Hechos 1:4-8.

Hechos 1:5 constituye el único registro de Jesús hablando de ser “bautizados con el Espíritu Santo”. Juan el Bautista había anunciado este bautismo especial (Mat. 3:11; Juan 1:33), promesa que solo pudo cumplirse después de la ascensión de Cristo.

¿Qué significa ser bautizado con el Espíritu? En Hechos 1:8, Jesús mismo lo explicó con una expresión paralela. Vosotros estaréis “bautizados con el Espíritu Santo” (vers. 5) “cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (vers. 8). Ser bautizado es estar totalmente inmerso en algo, normalmente agua. Incluye a la persona completa. El bautismo con el Espíritu Santo significa estar totalmente bajo su influencia, totalmente “llenos del Espíritu Santo” (Efe. 5:18). Esta no es una experiencia que ocurre “una vez para siempre”, sino que necesita ser renovada constantemente.

Si alguien te preguntara si alguna vez fuiste “lleno del Espíritu”, ¿qué le responderías? ¿Por qué?

 

Viernes 18 de julio

Para Estudiar y Meditar:

Lee “La promesa del Espíritu”, Joyas de los testimonios, t. 3, pp. 209-214; “El don del Espíritu”, Los hechos de los apóstoles, pp. 39-46.

“En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos, y nos sentimos impotentes y solos, se envía al Consolador en respuesta a la oración de fe. Las circunstancias pueden separarnos de todo amigo terrenal, pero ninguna circunstancia ni distancia puede separarnos del Consolador celestial. Dondequiera que estemos, dondequiera que vayamos, está siempre a nuestra diestra para apoyarnos, sostenernos y animarnos” (DTG 623).

“El Espíritu Santo era el más elevado de todos los dones que podía solicitar de su Padre para la exaltación de su pueblo. El Espíritu iba a ser dado como agente regenerador y, sin esto, el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El poder del mal se había estado fortaleciendo durante siglos, y la sumisión de los hombres a este cautiverio satánico era asombrosa. El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino. El Espíritu es el que hace eficaz lo que ha sido realizado por el Redentor del mundo” (DTG 625).

Preguntas para Dialogar:

  1. Dada la tendencia humana a la exaltación propia, ¿qué lecciones nos enseña la obra humilde y subordinada del Espíritu Santo?
  2. En diálogo con Nicodemo, Jesús comparó al Espíritu con el viento. ¿Qué lecciones espirituales podemos aprender de esa comparación?
  3. Algunas personas afirman que la evidencia de ser “llenos del Espíritu” es la habilidad de hablar en lo que comúnmente se denominan “lenguas”. ¿Cómo deberíamos responder a esta afirmación?
  4. Tenemos la tendencia a pensar en la obra del Espíritu Santo en nosotros como individualmente, lo que, por supuesto, es correcto. Al mismo tiempo, ¿cómo podemos, como cuerpo colectivo, experimentar la realidad de su presencia en nuestra iglesia como un todo?
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