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Maestros

Edición para maestros. Segundo trimestre (Abril-Junio) de 2015

  Jesús, el gran Maestro

Lección 9: Para el 30 de Mayo de 2015

 

El sábado enseñaré…

Texto Clave: Lucas 4:32.

 

Enseña a tu clase a:

Saber y comprender la autoridad de Jesús como maestro.

Sentir atracción a las enseñanzas de Jesús.

Hacer: Permanecer en las enseñanzas de Jesús.

 

Bosquejo de la Lección

  1. Saber: La autoridad de Jesús como Maestro
    1. ¿Cuál es el significado bíblico de autoridad? ¿En qué áreas Jesús ejerció autoridad?
    2. ¿Cuál es la base de la autoridad de Jesús? ¿Qué efecto tuvo sobre sus oyentes?
    3. ¿Cuánta autoridad tienen las enseñanzas de Jesús? ¿Cómo afectó esto a la gente?
    4. Jesús es el maestro más grande que el mundo ha conocido. ¿Cómo justificarías una declaración así? ¿Es una afirmación de realidad, o de orgullo religioso?
  2. Sentir: Atraídos a las enseñanzas de Jesús
    1. ¿Cómo desafía tu vida la autoridad de Jesús como maestro? En el Sermón del Monte, ¿qué es lo que más confronta a tu ego?
    2. ¿Cuán práctico es amar a otros como a ti mismo? Si practicas la regla de oro (de hacer a otros lo que te gustaría que te hicieran a ti), ¿qué cambios tendrías que hacer en tu vida?
    3. ¿Cuáles son algunos puntos destacados en la familia que Cristo desea crear entre sus seguidores?
  3. Hacer: Permanecer en las enseñanzas de Jesús
    1. La vida eterna es el don de Dios a los salvados por la gracia de Cristo. Si aceptas esto, ¿qué cambios necesitarías hacer en tu vida?
    2. Identifica qué elementos Cristo desea ver en su familia nueva sobre la tierra. ¿Cuáles elementos pueden ser parte de tu iglesia?

 

Resumen

Como Maestro, Jesús enseñó cómo sus seguidores deben vivir, relacionarse, adorar y testificar como ciudadanos de su reino. La manera en que vivimos debe ensamblarse con lo que creemos.

 

CICLO DE APRENDIZAJE

Texto destacado: Lucas 10:25-37.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: La verdadera religión, según Jesús, “no consiste en sistemas, credos, o ritos, sino en la realización de actos de amor, en hacer el mayor bien a otros, en la bondad genuina” (DTG 460).

 

PASO 1: ¡Motiva!

Solo para los maestros: El agnosticismo ignora a Dios; el ateísmo niega su existencia; el politeísmo admite innumerables dioses, permitiendo que elijas el tuyo propio; el monoteísmo afirma creer en un Dios, pero con motivos variados. Al variar los sistemas de creencias, varían las religiones. La pregunta es: ¿Cómo sabemos cuál es la religión verdadera?

Diálogo inicial:

Nuestra lección es sobre la autoridad de Jesús. Él mostró su autoridad al proclamar el reino de Dios, predicando el evangelio a los pobres, sanando a los enfermos, proclamando libertad, restaurando la vista a los ciegos, perdonando pecados, limpiando leprosos, asociándose con los marginados de la sociedad, y estableciendo la gran comunidad de los redimidos.

Pregunta para dialogar:

¿De dónde derivó Jesús su autoridad? ¿Qué dicen los siguientes textos acerca de su autoridad? (Luc. 4:35; 5:22-26; 6:20-49; 7:49; 8:19-21, 22-25). ¿Qué enseñanzas de Jesús pueden ser puestas a un lado por inaplicables, no prácticas, o imposibles? Explica tu respuesta.

 

PASO 2: ¡Explora!

Solo para los maestros: “Maestro” es el título más usado para dirigirse a Jesús. Los Evangelios lo usan más de cincuenta veces, quince de las cuales aparecen en Lucas. A dondequiera Jesús iba, enseñaba acerca de Dios y de su reino, y cómo llegar a ser como un niño y heredar el reino. Enseñaba de tal manera que “gran multitud del pueblo le oía de buena gana” (Mar. 12:37), y aún sus críticos reconocían que él enseñaba “rectamente” sin hacer “acepción de persona” y siempre “el camino de Dios con verdad” (Luc. 20:21). Al considerar al gran Maestro, estudiaremos tres aspectos de su ministerio: su autoridad, su ley nueva, y su familia nueva.

Comentario de la Biblia

I. Jesús el Gran Maestro: su autoridad

(Repasa, con tu clase, Luc. 4:32.)

Los profetas a menudo introducían su mensaje con la autoridad de un “Así dice Jehová”. Pero Jesús usó la frase “Yo os digo” (más de 130 veces en los Evangelios, incluyendo 33 veces en Lucas) para indicar que su autoridad −para enseñar, para buscar y salvar, para resucitar los muertos, para sanar, para expulsar demonios, para proclamar el reino de Dios, etc.− provenía de quién era. Lo que impresionaba a los que oían a Jesús era su gran autoridad y poder. Los oyentes del sábado en Capernaum “se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad”·(Luc. 4:32). La palabra griega traducida “admiraban” significa “disipar soplando”. Los que escuchaban o veían actuar a Jesús con autoridad eran “disipados por el viento” o “dejados sin habla”. Tal era el poder de su autoridad.

De este modo la gente que oyó el Sermón del Monte “se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mat. 7:28, 29). Los escribas hablaban por autoridad –citando a quienes los precedieron− , pero Jesús hablaba con autoridad. Con la autoridad como Creador (Juan 1:1-3), con la autoridad del Padre que lo envió (Juan 7:16), con la autoridad de su vida perfecta, Jesús habló y actuó de modo que aun sus enemigos tuvieron que admitir que “jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” (Juan 7:46). No solo con palabras y acciones, sino también con la vida, Jesús habló con absoluta certeza, sin contradicciones o confusión.

Considera: La autoridad de Cristo deriva del hecho de que él mismo era la personificación de la verdad. “Él era lo que enseñaba. Sus palabras no solo eran la expresión de su propia vida, sino de su propio carácter. No solo enseñó la verdad; él era la verdad. Eso fue lo que dio poder a su enseñanza” (Ed 78, 79).

II. Jesús el Gran Maestro: Su ley nueva

(Repasa, con tu clase, Luc. 6:27-30.)

En el correr de la historia humana, dos leyes parecen gobernar las comunidades. Primera está la ley de la selva: si una persona de una tribu mata a una de otra tribu, la tribu ofendida busca venganza, asesinando a todos los miembros de la primera tribu. La ley de la selva lleva la venganza hasta sus últimas consecuencias. Segunda es la ley de la reciprocidad. Considerada como un avance sobre la primera, ésta prescribe “ojo por ojo: diente por diente”. No hay lugar para la venganza máxima, sino tiene satisfacción en dar un castigo. Pero ¿pueden la venganza o la reciprocidad edificar comunidades duraderas, y mantener el equilibrio social a un nivel práctico? Mahatma Gandhi una vez comentó que aún la menor de las dos recetas reactivas creaba su propio temor diabólico: “Ojo por ojo solo termina dejando ciego a todo el mundo”.

En contra de estas prácticas horribles, Jesús, el Gran Maestro declaró: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen” (Luc. 6:27), endosando lo que él dijo por medio de Moisés: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”·(Luc. 10:27; comparar con Deut. 6:5; Lev. 19:18). Este mandato de amar es la base de la regla de oro que Jesús proyectó como la norma para las relaciones interpersonales: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Luc. 6:31; comparar con Mat. 7:12),

Cuando Jesús habló del amor como su mandamiento nuevo (Juan 13:34), la novedad no se refería al amor como tal, sino al objeto del amor. La gente siempre amó; sin embargo, amaban a los que eran dignos de amar, y a los suyos. Pero Jesús introdujo un factor nuevo: “Como yo os he amado, que os améis unos a otros”. Es decir, nuestro amor debe ser tan universal, sacrificado y completo como es el amor de Jesús.

Considera: Este mandato de amar a nuestro prójimo no deja lugar para modificaciones. No elegimos a quien amar; se nos llama a amar a todos. El verdadero amor al prójimo penetra el color de la piel y confronta la calidad de humano de la persona; rehúsa refugiarse bajo castas o tribus pero contribuye al enriquecimiento del alma; rescata la dignidad de una persona de los prejuicios de la deshumanización; libera el destino humano de la preocupación con el materialismo. En este contexto, ¿cómo esto crea la persona nueva en Jesús?

III. Jesús el Gran Maestro: su familia nueva

(Repasa, con tu clase, Luc. 5:27-32; 7:1-10, 11-17; 7:36-50; 8:43-48; y 14:15-24.)

Lucas, un gentil que escribe a gentiles, presenta a Jesús como el Salvador de toda la humanidad, no como un Mesías parroquial. Al presentar de este modo la universalidad de Cristo, Lucas asegura que la familia nueva en Cristo no sea ni insular ni restrictiva. Es también universal, sin ningún muro de separación, pero uno en unidad, en fe, en esperanza, y en amor. La familia nueva es un llamado a regresar al plan anterior a la Caída que tenía el Creador para la humanidad, en la que reinaría solo el amor. Con el amor como centro de su familia, Jesús edificó un hogar en el cual todos los que fueran a él encontrarían un lugar, sin ninguna pared de separación: el publicano (Luc. 5:27-32), el centurión romano (Luc. 7:1-10), el hijo de la viuda de Naín (vers. 11-13), los fariseos (vers. 36-50), una mujer, desechada social, con una aflicción de 12 años de duración (Luc. 8:43-48), los vagabundos de los caminos y los vallados (Luc. 14:15-24), los escribas y los mendigos de sus días, y los brahmanes e intocables de hoy: todos son invitados a ser miembros de la familia nueva de Cristo.

Con la parábola del buen samaritano (Luc. 10:30-37), ”Cristo demostró que nuestro prójimo no es meramente quien pertenece a la misma iglesia o fe que nosotros. No tiene que ver con distinción de raza, color o clase. […] Nuestro prójimo es toda alma que está herida y magullada por el adversario. Nuestro prójimo es todo aquel que pertenece a Dios” (DTG 464).

Considera: Al crear su familia nueva, Jesús derribó todas las murallas que separan a la gente: sea color, tribu, nación, sexo, casta, o lenguaje. “Las castas [cualquier cosa que divida a las personas] son algo aborrecible para Dios. Él desconoce cuanto tenga ese carácter. A su vista las almas de todos los hombres tienen igual valor.[…] Sin distinción de edad, jerarquía, nacionalidad o privilegio religioso, todos están invitados a venir a él y vivir” (DTG 370).

 

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: La parábola del buen samaritano no dice cómo somos salvados. Su énfasis está en cómo debe vivir una persona salvada. Analiza con la clase cuán a menudo los personajes de la parábola –el levita, el sacerdote, el herido, el samaritano− pueden hallarse en nuestro medio.

Pregunta para reflexionar:

“Muéstrame a un cristiano, y me convertiré en uno”, es un dicho de muchos que admiran la grandeza de la enseñanza de Cristo, pero la ponen a un lado “por no ser práctica”. ¿Cómo responderías a ese desafío?

 

PASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: “Las castas son algo aborrecible para Dios. Él desconoce cuanto tenga ese carácter. A su vista las almas de todos los hombres tienen igual valor” (DTG 370). Usa esta cita para hacer un análisis realista de cómo se hacen distinciones de castas en tu sociedad. ¿Cuáles son los efectos perjudiciales de estas distinciones? ¿Cuál es el único remedio?

Preguntas para dialogar:

  1. Un hombre vestido de harapos entra a tu iglesia. Busca un asiento. ¿Qué harías tú? ¿Cómo puedes crear una atmósfera en la que todos se sientan amados y deseados?
  2. Una persona de un color o una casta diferente pide unirse a tu iglesia. ¿Qué harías para que se sienta bienvenida?